A partir de ahora, todo serán ganancias (Opinión)

Escrito por: Bienvenido Picazo

lunes, 11.02.2019

Pasé todo el sábado dándole vueltas al asunto de si ir a Colón el domingo o no. Es una locura, me decían en casa. No nos va a dar tiempo a volver para el partido. Nos vamos a dar una paliza, con el consiguiente dispendio de gasolina y otras fruslerías, ejem, ejem. Total, que al final se impuso la cordura y la bandera que iba a blandir en Madrid me la llevé, pegadita al corazón, al Carlos Belmonte.

Vaya pinta que tenía nuestro estadio, vaya reventón, a mitad de camino y el personal ya está desbordado. Doce mil almas. Ahí es nada. Hay campos en Primera, que sudan la gota gorda para juntar a diez mil fieles. A este paso vamos a tener que quitar todas las lonas y poner gradas supletorias.

Me hubiese gustado tener el don de la ubicuidad, pero tras ver la panorámica de nuestro estadio, las sonrisas y el gozo que estallaba por los cuatro costados me vine abajo y, snif, snif, menos mal que mi chiquilla no se percató de que su papá estaba moqueando. Siempre tengo la excusa del resfriado inoportuno (no siempre cuela), pero mi gente es muy sensible y hace como que no ve. En casa, viendo cine del bueno, también nos pasa y nadie dice ni mu.

Qué gusto llorar de felicidad. Cuando Susaeta reventó el penalti también, qué cosas, me vine un poquito abajo. Qué final más cinematográfico, qué carrerón nos pegamos todos, era Febas quien conducía el balón, pero yo vi a doce mil locos en pos de aquella pelota. Qué fin de fiesta. Ver a todos los tuyos histéricos de alegría, extraños abrazándose como hermanos, alaridos de incontenible emoción. Así, sí que da gusto llorar.

La cosa empezó de maravilla, y el Alba pudo desplegar todo su poderío, su talante más berroqueño y la cosa consistió en esperar a que el rival se hartase y meterle otro aguijón. Así fue.

Sin errores, sin fisuras, sin florituras, pero siempre dando la sensación de que en cualquier momento, zas.

Todo el mundo destaca lo del sentido de equipo y, desde la grada, se ve con claridad. El Alba, toda la plantilla, es un equipo de jugadores con un gran sentido del fútbol. Este grupo ha entendido perfectamente lo de que un juego colectivo sin solidaridad, se convierte en una guerra de guerrillas. O bien, se tiene un crack, o bien estamos condenados a entendernos. Es lo que hace el Alba de maravilla. Además, cuando uno no está fino, el grupo absorbe la carencia sin hacer ruido y al rival le cuesta un imperio meternos mano.

No ha terminado febrero y el objetivo ya está cumplido, al igual que las empresas bien gestionadas, amortizados ya todos los gastos, a partir de ahora todos los ingresos serán limpios y a beneficio de inventario.

Si al final la cosa se tuerce y nos quedamos con cara de tontos: ¡que nos quiten lo llorado!.