El secreto de sus ojos (Opinión)

Escrito por: Bienvenido Picazo

viernes, 20.03.2020

Aprovechando el falso llano por el que desgraciadamente estamos pasando, voy a tratar de saldar un cuenta que tengo pendiente con ustedes.

 

En alguna ocasión he hecho referencia, cosa evidente cuando se habla de fútbol, al concepto de pasión (la pasión entendida como especia indispensable para entender los mecanismos que rigen los pasos del futbolero medio, o sea: nosotros), con el consiguiente sufrimiento que ello acarrea. La pasión no es más que un camino como otro cualquiera para perderse, en el amplio sentido de la palabra, es un sentimiento casi imposible de controlar, y si se consigue, deja indefectiblemente de ser una pasión.

En los momentos de mayor desesperación con nuestro Alba, he deseado desprenderme de este lastre, pero no hay psiquiatra que pueda con ello.

 

Pero no, no quiero seguir divagando de lo que no sé, puesto que hay una película, sí, hoy toca hablar de cine, o por mejor decir, de cine mezclado con fútbol, que cuenta a la perfección lo que es la pasión.

El secreto de sus ojos, obra maestra desde cualquier punto de vista, es un compendio del mejor cine negro, romántico, político-histórico, de humor y donde se hace justicia, por fin, al incongruente, sufrido y apasionadoamante de unos colores.

Si es usted aficionado al buen cine, seguro que ya la ha visto, pero si lo es también al fútbol y todavía no, no sabe cómo le envidio. Mi caso es un poco paranoico, porque desde su estreno, allá por 2009, ya la he visto más veces de lo que la prudencia aconseja, antes de caer, precisamente en eso, en la obsesión.

 

Desde el primer fotograma hasta el último, el espectador no tiene espacio al relajo o la distracción. Toda la trama funciona como un mecanismo de alta precisión, apoyada en un inmejorable elenco, como así los diálogos y monólogos, de los que el filme da una clase magistral de alta literatura. Cine en estado puro.

La cinta tiene media docena de escenas sencillamente memorables, pero sobrevuela por encima de todas la que nos ha traído hasta aquí, aquella en la que se cuenta de forma sublime qué es la pasión.

 

En mi imaginario, compongo mi propia trama y especulo con que es el Albacete Balompié el hilo conductor de la historia. En cualquier caso, con cine o sin cine, encuentro muy difícil revisar mi vida pasada sin el Alba. No me sale. No encuentro justificación para sacar al Alba de mi yo más profundo. Ya sé que es un oprobio para mí, pero a día de hoy, no entiendo la vida sin el Alba. Todavía recuerdo los arabescos que tenía que hacer, para que mi entorno, completamente al margen de mis pasiones (no sólo de fútbol vive el futbolero), no supiera que mi comportamiento estaba condicionado por los avatares de mi Alba, «¿qué te pasa?, ¿por qué estás enfadado?», me decían o, algunas veces: «¿y esa euforia?». Y sí, sufridos lectores, estas semanas con el Alba pendiente de un hilo, sin saber muy bien qué será de nosotros, con nuestra pasión en, iba a decir cuarentena, pero voy a buscar un sinónimo: apagadita, no se me ocurre nada mejor que volver a ver la obra imprescindible del gran Juan José Campanella.

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