Recordando a Máximo Hernández (Opinión)

Escrito por: Rafael Gil

jueves, 26.03.2020

El coronavirus nos quitó hace unos días a Máximo Hernández. Un hombre que en la historia reciente de Segunda División se movía como pez en el agua a la hora de confeccionar plantillas competitivas con pocos recursos. En el Albacete, en su etapa más reciente, estuvo en un momento de lo más convulso. Fue el director deportivo elegido por la plataforma surgida por la oposición a la presidencia de Ángel Contreras denominada ‘Bandera Blanca’. Este grupo de accionistas con Ubaldo González como presidente y Gonzalo Panadero en la vicepresidencia deportiva tuvieron que empezar a gestionar los primeros años de la crisis, unos años que también fueron de decadencia en el club puesto que supusieron el inicio del fin, que tiempo más tarde se materializaría con el adiós del Albacete al futbol profesional. Además, es lícito recordar que Máximo tuvo un paso por el banquillo del Alba en sus inicios en la profesión de entrenador a finales de los años 70 en Tercera División.

Echando una mirada una década atrás, Hernández tuvo que lidiar con la marcha de importantes futbolistas nada más aterrizar en las oficinas del club. Se fue Antonio Calle en una operación de lo más extraña que acabó con el delantero en el Nastic de Tarragona, Parri también hizo las maletas con destino Cádiz y Álvaro Cámara (un jugador esencial la temporada anterior con 32 encuentros disputados) se volvió  enfundar la camiseta del Hércules.  Máximo había conseguido buenos resultados en el Numancia colocándolos en primera división. La premisa era que repitiera éxitos en La Mancha. El verano de su llegada, la gestión deportiva, aparte de las salidas ya mencionadas, fue movida y se retrasó mucho la llegada del entrenador. El propio Máximo bromeada aseverando que el técnico era lo de menos. Sin embargo, por unas cosas o por otras, el Albacete tuvo una plantilla muy mermada respecto a cursos anteriores. El director deportivo eligió a un hombre de su confianza como fue el valenciano Quique Hernández para la silla caliente y se reforzó con gente como Diego Mainz, Iker Begoña, Fernando Morán y el sorprendente tercer portero Jonathan López. Siendo este último, un baluarte con actuaciones estelares en la última fase del campeonato liguero.

Aquel Albacete hacía un fútbol muy poco resolutivo, aunque en ocasiones jugaba bien y tenía buen dominio de la pelota, era débil en las áreas. Cometía errores que le valían muchos goles en contra que supusieron derrotas importantes, a parte la falta de acierto de gol era evidente. Tanto que el máximo anotador era un centrocampista como Barkero y se tuvieron que fichar delanteros en el mercado de invierno como medida de emergencia como fue el menudo Alustiza y el también argentino Jeremías Caggiano. Meyong Ze fue un fracaso absoluto, Calandría tampoco tenía cifras muy espectaculares y Azkorra era un tipo peleón y nada más.

Las carencias en el despacho quedaron atrás, cuando Máximo se hizo cargo del banquillo. Quique fue destituido debido a la mala racha. La cosa empezó a cambiar y se ganaron partidos importantes, el Albacete daba otra impresión. Así, con mucho trabajo, pudo revertir la situación y al final salvó con holgura al equipo.

En la temporada siguiente, Máximo contó con más margen de maniobra. Fichó a un técnico que venía de practicar buen fútbol y que luego tras su paso por el banquillo del Belmonte prosperó. Juan Ignacio Martínez, JIM, fue el elegido. Carlos Merino y Verza  le dieron otro aire al equipo y el joven Diego Costa fue el protagonista de la temporada. Sin embargo, Juan Ignacio fue destituido a pesar de llevar una situación desahogada. Y Máximo tuvo que coger las riendas, aunque entonces no había tantas urgencias.

Máximo Hernández fue sin duda un técnico peculiar. Que llegó en el ocaso de su carrera como entrenador y director deportivo, dos temporadas con muchos altibajos, aquí tuvo que lidiar con escenarios peliagudos. Pero, sin embargo, siempre será recordado en la historia del Albacete Balompié.