Foto Villarreal CF

Cuatro partidos fatídicos que erosionaron el matrimonio Albacete & De la Barrera

Escrito por: Hugo Piña

sábado, 18.06.2022

¿Por qué se ha marchado Rubén de la Barrera del Albacete Balompié tras consumar el ascenso a Segunda? ¿Por qué reaccionaba tan airadamente el Belmonte hacia su estilo de juego? ¿Por qué se pone de excusa a la grada como factor determinante a la hora de tomar tal decisión del coruñés? Muchas, demasiadas interrogantes sobre una salida polémica que ha sido igual de aplaudida que criticada.

Como fuere, el hastío del Belmonte ha sido notable una temporada más. ¿Y con el Albacete yendo líder? Y con el Albacete yendo líder. El hartazgo de la afición en general ha sido considerable una temporada donde curiosamente se han sumado más aficionados que nunca en una categoría como la de bronce. Pero, entonces, ¿por donde ha pasado el problema para tomar tal decisión?

Una de las claves para contextualizar la deprimida visión futbolística del respetable albacetista estuvo en una serie de partidos en los que el equipo naufragó por completo. La versión del Albacete de la jornada 2 en Baleares daba aviso a una realidad que, aunque intermitente, siempre se ha postulado en la salida de balón del equipo. Aquel 4-1 de aquella mañana de septiembre denotó que la relación entre las partes no sería fácil.

Aún con todo, el Alba siguió jugando y mostrando credenciales que le harían ser uno de los equipos que meses más tarde conseguiría el suculento premio del ascenso a LaLiga. Sin embargo, semanas más tarde, el 3-0 en Villarreal tampoco ayudó a la desconfianza de la afición, que veía como por segunda tarde, el equipo naufragaba en aguas ya revueltas.

Había run run por entonces en el Belmonte, con un Villarreal B disparado y con un Albacete que en casa se mostraba imbatible. A domicilio mejoraba parcialmente sus registros pero la realidad era que lejos de casa el asunto costaba y mucho. El público albacetista mostraba su desconfianza siempre que podía. Siempre.

Y llegó noviembre y con él, La Línea. Allí cambiaron muchas cosas tras aquel 4-1 que volvía a evidenciar problemas y que de paso ratificaba la desconfianza del público albaceteño. De la Barrera no lo debió ver claro porque desde ese día su portero dejó de ser Rosic. Bernabé se ganó la titularidad y aquella tarde supuso el principio del fin. El aficionado blanco, hastiado, veía como su equipo no mostraba a domicilio la misma cara que en el Belmonte. ¿Por qué?

Despues, la versión a domicilio siempre estuvo en boca del albacetismo. Errores como los de San Fernando o los del Johan Cruyff erosionaron por completo un equipo de dos caras y una afición que con su hastío silbaba a su propio equipo. En las primeras posiciones de la clasificación, ver el ambiente local del Belmonte era por momentos difícil de contextualizar.

Y llegó Andorra. La derrota, pero sobre todo la versión del equipo aquella tarde destrozaron cualquier atisbo de reconciliación posible. El mal partido del equipo y la mochila llena de piedras mostraron desde entonces una situación imposible de enderezar. El final de liga agravó todo un poquito más, siendo De la Barrera silbado desde el minuto 1. Sin ascenso directo y con el cuadro más difícil de los play off.

¿Lo mejor? Que la promoción se jugaba en Galicia, lejos de un estadio que no aguantaba las formas de un De la Barrera que se negó a pedir perdón por partidos como el de Andorra. Eso, albacetismo mediante, le salió enormemente caro.