Cuando la grada no suma…

Escrito por: 5 más el descuento

sábado, 07.02.2015

El pasado martes en una entrevista en el diario La Tribuna, Rafa Chumbi expresaba lo que sintió tras fallar el penalti en el partido contra el Tenerife del pasado sábado: “Los 15 minutos después del penalti fueron los peores de mi vida en un terreno de juego. No lo había pasado tan mal en mi vida, no quería estar ahí. Tenía un problema personal, llega el penalti, lo fallo y se me viene todo encima. Hubo algún grito desagradable por parte de la grada y mi estado de ánimo bajó a menos cinco, estaba hundido”. La sinceridad con la que habla el delantero, especialmente en la última frase, debería ser suficiente argumento para que más de uno empiece a preguntarse si su forma de actuar es o no la correcta. Como parto de la máxima de que los 9.080 espectadores que estuvimos en el Carlos Belmonte ese día queremos la permanencia del Albacete en Segunda, la línea de comportamiento seguida por algunos entra en clara contradicción con la premisa anterior. Pitar e insultar con el partido recién empezado a tu propio jugador, el que debe dar los goles con los que salvar a tu equipo, hasta el punto de hundirlo psicológicamente como el propio jugador ha manifestado, es el equivalente a pegarte un tiro al pie mientras corres para salvar tu propia vida: un sinsentido.

Que el fútbol no tiene memoria es algo que no vamos a descubrir ahora. Apenas ha tenido que pasar una estación para criticar ferozmente a los héroes que eran vitoreados y coreados por sacar al Alba del pozo de Segunda B. Pasar del cielo al infierno se ha visto en Albacete a la velocidad de la luz, incluso en un mismo partido como pasó en la fugaz transformación de villano a héroe para Chumbi el sábado. Crítica constructiva sí, siempre. Indiferencia cuando las cosas se hacen mal, no, nunca, es nuestro equipo y no nos puede dar igual lo que le pase. Pero precisamente por eso, no vendría mal algo más de madurez a la hora de tratar a unos jugadores que, aunque no lo parezca, también son personas. La afición es soberana, y manda, pero la tiranía, también desde la grada, solo conduce al desastre.