[Opinión] El ascenso del Alba contado por… Juanma Lorente (Cadena SER)

Así lo ha vivido

En toda gran historia de Hollywood hay un momento en el que el protagonista lo tiene todo perdido; se encuentra al borde de un abismo del que no se alcanza a ver la profundidad, llega a galope ligero la caballería india lanzas en ristre y casi no quedan balas en el cargador. Por si fuera poco, reina un sol de justicia y amigos y enemigos lo han abandonado a su suerte confiando en que una buena caída dará por zanjados sus problemas. Está todo perdido.

Ese domingo – 11 de junio – en el Carlos Belmonte el sol también hacía mella en los presentes. Domingo estival que dejaría su marca en la piel de más de un aficionado al que ahora enrojecía cuello y cara. En el minuto 61 de la vuelta de la eliminatoria Rubén Jurado remachaba de cabeza un fantástico pase al área de Tomeu Nadal ante el que el mallorquín poco podía hacer. El protagonista se ponía en ese momento al borde el desfiladero y empezaba a aflorar la sensación de vértigo y mareo. El propio Aira llegó a confesar más tarde que durante los siguientes 5 minutos tuvo la sensación de que la eliminatoria se podía perder y acabar con la temporada. Era el momento en el que el césped se tornó amarillo desierto y por su superfice rodaban los estepicursores (las solitarias bolas de paja). En la propia grada quien más y quien menos notaba el cosquilleo de un año más en el pozo de la Segunda B. En el minuto 68 el entrenador empezaba a recomponerse toda vez que ya había retirado al centra Gaffoor por Carnicer y llamaba al banquillo a Isaac Aketxe, un delantero con un gol como todo bagaje de la temporada regular.

El técnico berciano se la jugaba a todo o nada como en las ruletas de los saloones del oeste. Y era todo – seguir con vida en la lucha por llegar al fútbol profesional – o la más absoluta nada – permanecer en la categoría de bronce y muy posiblemente el despido del cargo – al retirar a Rovirola, un hombre defensivo. Y la bola echó a rodar sobre la ruleta golpeando de forma rítmica sobre los casilleros blancos y negros una y otra vez. Una y otra vez.

En el 74, con las botas del prota tirando ya arena al precipicio llegaba una falta en banda izquierda a apenas cinco metros del centro del campo dentro ya del terreno de los visitantes. Uno de los más discutidos en el tramo final del curso Javi Noblejas botaba un saque largo, muy largo hasta el área rival. En ese vuelo caminaban todas las dudas que habían sobrevolado al equipo desde marzo. Un equipo que arrancó en verano con 17 incorporaciones y un nuevo entrenador con una única máxima: había que subir a Segunda fuera como fuera puesto que la supervivencia del propio club estaba en juego. El trabajo se fue haciendo bien, de forma callada y con grandes dosis de paciencia se fueron conjuntando jugadores que hasta la fecha no se habían visto con otros que sí se habían cruzado en enfrentamientos en la categoría. Y ya en la jornada 13 se alcanzaba el liderato del campeonato mientras el Belmonte se volvía un fortín ganando a los visitantes con solvencia y eficacia. El 26 de febrero ante el Guernica se ganaba con un agobio tremendo en los momentos finales dando la vuelta al marcador (3-2). Y en ese momento con otro vértigo, el de conseguir el objetivo marcado, llegaba la retahíla de malos resultados en casa y las sombras alrededor del equipo.

Sombras que se aliviaron en parte con algunos resultados balsámicos fuera de casa en campos de poca grada y césped artificial pero que volvieron a regresar con la eliminatoria ante el Lorca. El equipo perdió el norte y no supo combatir las artes del otro fútbol. En la siguiente, ante el Atlético Baleares de Josico la cosa se puso de cara con un gol en Son Malferit aunque al colegiado le colaron un penalti inexistentes en los últimos instantes.
Y ahí estaba nuestro protagonista; con un sol de justicia, unos indios blanquiazules lanzas en alto y un precipicio a los pies de tremendas proporciones. Las sombras – que las había – eran internas y apuntaban a un grupo que había hecho sus deberes pero que no se había sabido manejar con la presión y una temporada tan larga. En estas que el largo balón de Noblejas alcanzaba en diagonal el área, superaba el primer palo y… una mata de pelo dorado lo tocaba para llegar al fondo de las mallas. Minuto 74, volvía la fe al equipo, volvía la unión y el séptimo de caballería con su trompeta al viento. El resto, es historia.

 

Juanma Lorente

Jefe de Deportes

Radio Albacete Cadena SER

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