[Opinión] El ascenso del Alba contado por… Nacho López (eldigitaldealbacete.com)

Así lo ha vivido

Afortunadamente el Albacete Balompié ha podido sellar un año después de su descenso su vuelta a segunda división, pero la temporada de los de José Manuel Aira ha provocado una montaña rusa de sensaciones en una afición que siempre estuvo con el equipo y se convirtió en fundamental para sellar el primer puesto en la liga regular y para conseguir el tan ansiado ascenso.
Terminó la temporada 2015/2016 y todo eran lagrimas después del descenso del Albacete Balompié a segunda división ‘B’ tras una nefasta temporada en la que todo el mundo quedó aburrido de fútbol y en la que siempre las opciones de permanecer fueron mínimas, ya fuese con Luis César Sampedro en el banquillo o con César Ferrando, como ocurrió tras la destitución del gallego después de un gol en propia meta de Jorge Pulido en La Romareda ante el Real Zaragoza.

Todo el mundo quedó afectado por el descenso y por la pésima imagen dada durante nueve meses de competición, tanto, que el propio Víctor Moreno, el encargado de formar la plantilla que intentase ascender en tan solo un año, no tenía ilusión alguna y por su cabeza pasó muchas veces los días posteriores al descenso el hecho de presentar la dimisión. Afortunadamente, Víctor sacó fuerzas de flaqueza, reseteó la mente en un tiempo récord y se sacó un equipo de la chistera que comenzó encandilando a todo el mundo con una seriedad defensiva excelente que llevó a los de Aira a encajar tan solo 7 goles en los primeros 18 partidos de liga.

El reto no era fácil. Víctor Moreno, en consenso con José Miguel Garrido, hizo limpieza general, comenzó de cero y solo Adri Gómez permanecía de la temporada pasada en el vestuario cuando comenzó el campeonato el 20 de agosto con la victoria por 3-0 ante el Zamudio.

No solo los jugadores eran todos nuevos, también lo era un José Manuel Aira al que la falta de paciencia no le permitió terminar su proyecto en el Real Murcia y que aquí sí encontró a pesar de que eran muchos los que pedían su cabeza cuando el equipo cayó en barrena durante los meses de marzo y abril, pero de ello ya hablaremos más adelante.

Comenzó la liga y a pesar de ser un equipo en el que absolutamente todos sus mimbres eran nuevos, el Alba jugaba muy bien al fútbol, era duro como una roca en defensa y se mostraba solvente en ataque con Aridane Santana como Rey Midas convirtiendo en oro prácticamente todo lo que tocaba. Con este cóctel, más pronto que tarde el Alba se alzó con el liderato y ya no se bajó de ahí en toda la liga a pesar de que más de una vez estuvo muy cerca de haber caído a la segunda plaza.

El equipo se mostró intratable durante la primera vuelta y con el campeonato de invierno en el bolsillo nadie dudaba que el Albacete Balompié estaría en segunda división si el equipo no bajaba el pistón y más después de haber visto ser a los de José Manuel Aira una auténtica apisonadora sobre el césped; ya que además del sensacional papel que estaban haciendo en liga se habían quedado a un paso de enfrentarse al Real Madrid en la Copa del Rey de no haber caído eliminados ante la Cultural Leonesa en un partido en el que la expulsión de Carlos Delgado resultó fatídica para el Alba y para su futuro en el torneo del KO.

El equipo comenzó la segunda vuelta en una línea similar a la que había tenido durante la primera y todo seguía siendo de color de rosa hasta que llegó el partido ante el Gernika en el Carlos Belmonte, un partido que se puso muy cuesta arriba para los blancos y el que aunque acabaron dándole la vuelta sobre la bocina, causó no se sabe muy bien el motivo en los jugadores una herida psicológica que sangró durante muchas jornadas y que de no haber sido por los fallos de Leioa, Toledo y Fuenlabrada como más inmediatos perseguidores, le habría salido muy cara al Albacete Balompié ya que a buen seguro le habría hecho perder el tan preciado liderato.

Tras la citada remontada ante el Gernika, José Manuel Aira dijo en sala de prensa que a partir de ese día “su equipo sería mucho mejor equipo” y menos mal que Aira es mucho mejor entrenador que futurólogo, ya que desde ese partido y durante los seis siguientes, el Albacete Balompié sumó 5 derrotas y 1 victoria plagada de dudas en Las Gaunas después de acabar pidiendo la hora por casi tirar a la basura un 0-4.

Y lo peor de todo no eran solo las derrotas, el Alba estaba perdiendo contra todos sus rivales directos por la primera plaza y tanto Leioa, como Toledo, como Fuenlabrada, sacaron los colores a los de José Manuel Aira en el Carlos Belmonte y les infringieron tres derrotas que llenaron de dudas un entorno que dejó de confiar un poco más en su equipo y que veía muy complicado después del tremendo bajón que el Albacete Balompié pudiera terminar la temporada ascendiendo a segunda división.

Menos mal que en segunda B cuecen habas en todos lados y lo que Leioa, Toledo y Fuenlabrada ganaron en el Carlos Belmonte lo perdieron en otros campos y unido esto a una leve mejoría albacetista, los de José Manuel Aira certificaron el liderato y asaltarían el fútbol profesional por el ‘camino corto’, siendo emparejados con el Lorca FC tras proclamarse este campeón del Grupo IV.

En contra de lo que podría parecer lógico, ser campeón de grupo no dio más confianza al vestuario y el papel dubitativo que mostró en los dos partidos de la eliminatoria ante el Lorca le costó el ascenso en primera instancia. A pesar de que el Alba generó más ocasiones de gol que el Lorca en ambos partidos, nunca hubo una sensación tangible de que pudieran ser los blancos los que se llevaran el gato al agua ante los de David Vidal.

Por si la carga psicológica tras la discreta segunda vuelta fuera poca, el palo ante el Lorca parecía un muro que nunca se podría superar y como el fútbol no para, en tan solo siete días un Atlético Baleares en clara línea ascendente y con la moral por las nubes después de haber eliminado al Toledo esperaba al Albacete Balompié en el césped artificial de Son Malferit.

Y es ahí cuando empieza a fraguarse de nuevo el ascenso por algo que a pesar del bajón de marzo y abril y el palo ante Lorca nunca se resquebrajó. El vestuario. Un vestuario formado por buenos jugadores que a la vez son excelentes personas y que han formado una piña en la que todos los elementos estaban integrados al cien por cien y que ha sido una de las claves para que el Albacete Balompié resurgiera de sus cenizas cuan Ave Fénix y acabara consiguiendo el tan peleado y merecido ascenso.

El equipo se levantó e hizo un muy digno partido en Mallorca, donde solo una discutidísima decisión arbitral con un penalti inexistente permitió al conjunto local perforar la meta de Tomeu Nadal, acabando el encuentro con empate a uno. En la vuelta, el Alba fue mejor en el global del partido, pero lo cierto es que el Atlético Baleares se adelantó en el Carlos Belmonte, Aketxe puso las tablas y llevó el partido a la prórroga y cuando todo indicaba que la eliminatoria se decidiría desde los once metros, un gol en propia puerta del Baleares metió al Alba en la final de los play offs y estaba de nuevo a 180 minutos de regresar a segunda división.

Cada partido es una enseñanza y el Alba fue una esponja en los play offs. Minuto consumido, vivencia aprendida; que afloraron en forma de virtudes en la decisiva eliminatoria ante el Valencia Mestalla, donde el Alba sentó cátedra en el partido de ida con un excelente partido y supo sufrir como un animal herido en el tramo final del partido de vuelta cuando el Valencia Mestalla se volcó en ataque buscando exprimir sus últimas opciones de evitar que el Albacete Balompié fuera el que se acabase llevando el gato al agua como final y afortunadamente acabó ocurriendo.

En resumen… Ascendemos seguro. No ascendemos ni de broma… ¡Hemos ascendido!

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