[Opinión] El ascenso del Alba contado por… Rosa Gómez (Visión 6)

Así lo ha vivido

“Para ser un campeón tienes que creer en ti mismo cuando nadie lo hará”. Es lo que dijo un tal Sugar Ray Robinson cuando fue nombrado el mejor boxeador del siglo XX. Cita que quedaría grabada para la posteridad y que bien se le podría aplicar a este Albacete Balompié que nos ha devuelto a la categoría de plata. No ha sido un año sencillo, aunque pocos lo son… Más bien hemos podido vivir una temporada que ha sido una montaña rusa de sentimientos constante. Una montaña rusa en la que los excelentes números de la primera vuelta colocaron a este equipo como líder sólido y en la que una mala racha en la segunda casi manda al traste todo el trabajo bien hecho.

¿Y quién dijo que era fácil? Somos el Albacete Balompié. En nuestro diccionario la palabra fácil no existe. Pero las grandes gestas y las páginas para la historia se escriben cuando mayores dimensiones tiene el reto. Y el del Alba no era pequeño. Resurgir de las cenizas como el ave Fénix después de un descenso dramático no era un reto fácil. Confeccionar una plantilla totalmente nueva, y de garantías, no era un reto fácil. Superar una crisis de resultados y llegar vivos al final de Liga con toda la lluvia de críticas cayendo sobre el equipo, y más especialmente sobre su entrenador, no era un reto fácil. Mantener el liderato jornada tras jornada y casi con más gente en contra que a favor no era un reto fácil. Superar el mazazo de Lorca no era un reto fácil. Deshacerse de un peleón Atlético Baleares en una mañana infernal y con prórroga, no era un reto fácil. Ganar en Mestalla, cuando muchos de nuestro propio bando desconfiaban de un resultado positivo, tampoco era un reto fácil.

Aun así, y por muchos palos que se han puesto a las ruedas se han superado todos los baches. Absolutamente todos. Por este equipo muchos no apostaban en el mes de marzo, ni en abril, ni en mayo, ni tan siquiera en el play off… Muchos les retiraron la confianza demasiado pronto. Solo unos pocos tenían fe. Solo unos pocos locos e ilusos creían en sus posibilidades. Algo en el interior les decía que todo saldría bien, muy a pesar de las adversidades porque lo veían en el trabajo y esfuerzo del día a día y en los ojos, y en el convencimiento, de cada uno de los jugadores y técnicos que forman esta plantilla. Además, ¿qué ganábamos tirando piedras a nuestro propio tejado y generando desconfianza cuando por delante sí había mucho por ganar? Entiendo que cuando las cosas no salen como uno quiere o cuando su equipo no gana afloren los nervios, pero durante semanas entrar en las redes sociales era casi un suplicio con tanta crítica desmesurada y tanta bilis.

Después de echar la vista atrás y de recordar tanta mala leche, malas críticas, malos augurios y tantos insultos en los malos momentos ¿qué queréis que os diga ahora? Pues que este ascenso es solo de unos pocos. Sí, de unos pocos. Este ascenso es principalmente de una plantilla que ha hecho una gran piña desde el primer día y nunca ha bajado los brazos. De una plantilla que optó por el silencio y el trabajo como respuesta a esas críticas. De unos técnicos y de un entrenador que tuvo que crear su propia burbuja para aislarse de los comentarios negativos y de los insultos para poder sortear cada piedra en el camino y seguir adelante con su trabajo. Sin rechistar. Sin levantar la voz. Haciendo lo que mejor sabe. Y por supuesto, este ascenso también es de esa parte de la afición que mantuvo su fe desde el principio y hasta el final con total lealtad. De esa parte de la afición que nunca retiró su apoyo, arrimó el hombro y demostró su amor incondicional a este escudo en los malos momentos. Porque ahí es cuando más hay que estar. No ahora. Por lo tanto, y a todos y cada uno de vosotros que lo habéis hecho posible y que habéis creído en ello ¡GRACIAS! Disfrutad de vuestro merecido ascenso.

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