Opinión: Que no cunda el pánico: prueba conseguida

Por Bienvenido Picazo Ruiz

Decía el Sabio de Hortaleza que lo peor de perder no es la derrota en sí, sino la cara de tonto, que se te queda, aunque él utilizaba otro adjetivo más castizo para definir el rictus. En suma, y pasado ya el sofocón, es que la temporada que viene, seguiremos en Segunda. La cara de susto, se nos irá quitando a medida que pasen las semanas, pero ¿quién de nosotros, por lo bajini, no hacía cuentas de cara a la promoción de ascenso, hace apenas dos meses?. “Ay, mísero de mí, ay infelice”, que diría Calderón, menos lobos, y más humildad. Parece mentira, con lo cautos que solemos ser los manchegos, cómo nos perdió la vanidad. A lo peor nos dejamos llevar por la fanfarronería navarra; aunque hay que reconocer que Enrique Martín -al menos en sus intervenciones públicas-, nunca trató de vender humo. Seguro que nos vinimos arriba porque tras el descarrilamiento con José Manuel Aira y, otra vez, en el buen camino, pensamos que aquello era coser y cantar. El asunto es que, burla, burlando, hasta que no pitó el árbitro en el Heliodoro, en Los Pajaritos y en el Anxo Carro, en Albacete se podía escuchar el silencio. La camisa no nos llegaba al cuello y ya estábamos algunos -recordando pretéritas tragedias-, echando cuentas de en qué grupo jugaríamos el año que viene. El abajo firmante estuvo una hora sin poder balbucear una palabra. Mi mujer y mis hijas, pensaban que me había dado un aire. Ni cenar pude. No podía ni masticar, ni lo peor, disimular que no podía hacerlo. Vaya, que hasta bien entrado el domingo no fui persona.

Demos por bueno el susto, tiempo habrá para analizar qué es lo que le pasó a un equipo, que, tras recuperar sus constantes vitales, anduvo a la deriva mucho antes de haber ordeñado la vaca. ¿Lesiones?, ¿decisiones arbitrales injustas?, ¿exceso de confianza?, ¿malestares internos?, a estas alturas ¿qué más da?, pero mal, muy mal, haríamos si no tomásemos nota de lo que ha sido la temporada. Lo bueno de estos disgustos, es que son un caldo de cultivo idóneo para hacer terapia individual y de grupo, y ver qué es lo no ha de hacerse, bajo ningún concepto, en el futuro.

En lo deportivo, en lo técnico, en lo institucional y en lo psicológico; hay que mejorar en estas cuatro facetas y, sobre todo, no perder de vista ¡jamás!, que somos lo que somos. Con esta filosofía, que es nuestro “hecho diferencial”, en definitiva no nos fue tan mal en el pasado y nos dimos de bruces con la cruda realidad en el momento que olvidamos nuestras raíces.

Con la resaca superada, podremos analizar, sin rencor, lo que ha pasado y pensar en otros hitos. De momento y como consejo para la temporada que ya se avizora, tras el hartazón de mundial que nos espera, tengamos un único objetivo: salvar la categoría.

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