Escrito por: Bienvenido Picazo
lunes, 30.03.2020
Cuando éramos niños, soñábamos con vivir en un sábado eterno y mira por dónde, nos han regalado, de momento, varias semanas repletas de sábados. Lo que discretamente añadíamos a nuestro anhelo, era que no nos tocasen el resto de cosas, empezando claro está, por el fútbol. ¿Qué iba a ser de nosotros sin nuestro Alba?, pues ya tenemos la respuesta.
A día de hoy, seguimos sin tener mucha idea de qué será del deporte en general, y del fútbol, en particular. Cierto es, que ahora mismo, saber si el Alba va a jugar en Segunda el año que viene o no, no es una cosa que haga fluctuar, al alza o a la baja, al Dow Jones, pero hay unos cuantos miles de gentes, al que semejante incertidumbre no nos deja del todo tranquilos. No se lo decimos a nuestros allegados, para que no piensen que somos unos egoístas inconscientes, que con la que está cayendo, nosotros seguimos con nuestras frivolidades. ¿Frivolidades?, yo no llamaría así a ninguna angustia ajena, por fútil que me pudiese parecer.
Si no se hubiesen empeñado unos cuantos en llenar las categorías de equipos, si todas contasen con dieciocho, aún se podría especular con el calendario, pero con una inflación tan tremenda, a ver quién es el guapo que desenladrilla un cielo tan opaco. No hay luz todavía, pero para evitar sustos y organizar mejor el fútbol, propongo desde este desierto, darle algo de coherencia y aligerar de peso el negocio, que se está viendo, es una gallina llena de huevos de oro, pero que no es eterna ni impermeable. La transición sería muy dolorosa, pero necesaria.
Mucho me temo que esta crisis, no va a servir nada más que para preparar la siguiente. Ojalá no la veamos nunca, ni nosotros ni nadie, pero el ser humano es demasiado mezquino como para aprender de los errores. Ni Tebas, ni la UEFA o la FIFA, van a dejar de pensar en el vil metal. Tristemente, sólo les importa eso. Cualquier plan que salga de sus mientes, prioriza de forma inmisericorde el maldito parné. Y, nada más. Los pequeños, en cuanto oyen sonar algo de calderilla, se vuelven locos y son tan responsables del desaguisado, como los que diseñan y disponen cual niños caprichosos.
El Albacete haría bien en ir preparando discretamente la próxima temporada. Sin alharaca y dando por bueno todo lo aprendido dela que está a punto de irse al traste, debemos ir ajustando el paso y volver a soñar con realidades y dejar los castillos en el aire, para cuando hayamos anclado bien los cimientos.
Cada semana que pasa sin jugar, es un paso más para ir haciendo balance de un año aciago, se mire por donde se mire.
Los sábados de nuestra infancia estaban llenos de juegos en la calle, amigos en la calle, pelotazos en la calle y ahora, en cruel paradoja, nos vemos castigados y obligados a mirarla desde lejos. Tenemos a nuestros pies unas calles llenas de sábados e, infelizmente, no podemos disfrutarlas.
No nos regodeemos en la melancolía porque el día menos pensado, nos vuelven a dar suelta y vamos a tener que sujetarnos, para no volar como cabritillos, intentando recuperar el tiempo perdido.
Cuidemos nuestra forma y nuestras formas y abriguemos la esperanza de que nuestro Alba esté a la altura, cuando vuelvan a sonar los timbales y clarines.