Balance anual agridulce, como manda la tradición (1)

Escrito por: 5 más el descuento

viernes, 27.12.2024

Hace un año, más o menos, todavía estábamos todos los albacetistas lamentándonos y lamiendo nuestras heridas porque,quien más y quien menos tras la temporada anterior, pensábamos (unos más que otros), que lo de subir a Primera iba a ser, poco menos que un trámite. La cruda realidad es que estamos en una categoría endiablada (no por casualidad, es una de las más divertidas de todo el continente, mucho más, muchísimo más traicionera e imprevisible que la, otrora, todopoderosa liga galáctica), y todo indica que seguimos sin ser conscientes de lo duro y difícil que es transitar por esta división.

Es cierto que teníamos un entrenador de muchas garantías, una plantilla con algunas bajas notables y unos refuerzos que eran más incógnita que certeza de éxito, pero la suerte esquiva y algunas decisiones equivocadas, nos llevaron al borde del precipicio. Como empezamos con tantas ínfulas, la caída, necesariamente fue más desastrosa, estábamos en Navidad y todavía teníamos cara,entre incredulidad, pasmo y alelamiento, que suelen ser sinónimos; en enero, febrero y marzo, excuso relatarles la reiterada serie de costaladas que nos pegamos. El fin de la historia de amor con Rubén Albés, terminó de forma dulcemente traumática, no consigo recordar un cese tan necesario como poco deseado.

La afición blanca merecería capítulo aparte, porque el nivel de madurez y responsabilidad que demostró cuando la cosa pintaba entre fea y desesperada, es digna, como digo, de mejor causa. La tristeza por la situación, a mí al menos, me produjo un extraño orgullo por formar parte de esta fiel masa de gentes y por ser, ¿por qué no decirlo?: ¡de Albacete! No quiero que estas líneas sean señal de reivindicación patria, porque uno es de Albacete como podría ser de Peñaranda de Bracamonte, pero ser de Albacete, de una tierra tan dura y con una historia triste, las más de las veces,implica asumir el fracaso con la naturalidad propia de la ocasión. Por eso me extraña tanto la excitación que nos produce ganar un par de partidos consecutivos, será que las nuevas generaciones no saben lo que fuimos, en definitiva, de dónde venimos. Me alegro y mucho de que los más jóvenes de entre nosotros, sean tan optimistas y exigentes, a lo mejor es cuestión de dar un paso al frente y olvidar definitivamente el pasado. En cualquier caso, el cambio de entrenador no supuso más trauma que eso, el dolor por lo que pudo haber sido y no fue.

Gracias, Rubén. Algo me dice que lo volveremos a ver en nuestro banquillo a la vuelta de un tiempo.

El nuevo inquilino, Alberto González, llegó vio y venció. Los primeros partidos no apuntaban nada bueno, pero los planetas se dispusieron de una forma tan extraña y caprichosa que se encadenaron cinco triunfos consecutivos. Algo aportó el tal González, o algo pasó en el vestuario, o algo, en fin, sucedió que cambió el destino blanco. Todavía hoy, los sabios del lugar, no se ponen de acuerdo para traducir ese “algo”. Estábamos despeñándonos, cuando surgió el milagro, tan inaudito resultó todo que por la conjunción astral o por lo que fuere, pudimos hasta prescindir de la última jornada. Cosas verdes, amigo Sancho.

Se salvó la temporada (y mucho más), se respiró hondo y se pudo volver a empezar. Pasó el verano y llegó la nueva temporada, pero el Alba debe esperar tan alta vida, que sigue sin poder vivir en élmismo. El psicoanálisis, la metafísica, la física cuántica y la depresión y vuelta a los orígenes. ¡Señores, esto es el Albacete Balompié!