Escrito por: Rubén Oliva
jueves, 22.01.2026
Durante todo este tiempo, y a pesar de la heroica remontada con la que dio la salvación de la 2023-24 cuando ya muchos lo apuntaban como el entrenador para la Primera RFEF tras el descenso, tengo que reconocer mi frialdad hacia la figura de Alberto González. El cambio de temperamento y carácter de Rubén Albés por las aburridas ruedas de prensa de Alberto no fue fácil de asimilar. Durante muchos momentos, la sensación era que este entrenador no transmitía lo suficiente y que el equipo no llegaba a saber a lo que jugaba. Además, siempre que había opción de engancharse a la parte alta sufría un patinazo inesperado y frenaba cualquier atisbo de esperanza.
Nunca he sido pro-Alberto, aunque tampoco lo he llegado a ver el principal culpable de los malos momentos. Pero tengo que decir que estas últimas semanas me he subido al carro del míster. Seguramente de manera muy oportunista, pero hay dos razones: Alberto tiene más personalidad de la que pensábamos y, sobre todo, sabe lo que se hace.
Las charlas de motivación en el vestuario contra Celta y Real Madrid me han puesto la piel de gallina. Alberto enchufó a sus jugadores y se nota que de puertas para adentro domina la situación. Le ganó la partida a Arbeloa con sus cambios, demostrando lo que conoce a la limitada plantilla que la dirección deportiva le ha dado, y una cámara indiscreta descubrió lo que defiende a su club. ‘No, Morci no’, dijo el míster apostando por los que quieren estar aquí, defendiendo lo suyo y los intereses del Albacete Balompié.
Alberto es un entrenador de club, que aunque haya tenido días para correrlo a gorrazos (metafóricamente hablando), nunca ha fallado al objetivo. Siempre sobrevive y siempre reacciona cuando peor están las cosas, y después de tantas veces eso no es casualidad. Alberto sabe lo que tiene y si no aspira a más, las culpas principales hay que buscarlas más arriba. Y defiende al Alba, como se vio negándose a meter a Morci el día del Madrid. Ahí terminó de ganarme: me subo sí o sí al barco de Alberto González.