Escrito por: Rodrigo Quero
martes, 27.01.2026
Jefté Betancor no se mordió la lengua. El delantero canario del Albacete, en una entrevista concedida ayer a Visión 6, repasó varios asuntos de la actualidad del equipo, pero una de las respuestas que más ruido ha generado ha sido la relacionada con el arbitraje de Saúl Ais Reig en el partido ante el Cádiz, disputado hace dos semanas.
Aquel encuentro dejó un rifirrafe evidente entre el ‘9’ y el colegiado durante gran parte del partido. Jefté terminó amonestado por protestar y, ya en frío pero aún con tono directo, explicó su versión de lo ocurrido desde el inicio, asegurando que todo empezó muy pronto y que se sintió señalado desde los primeros minutos.
Estas fueron sus palabras, sin recortes, sobre el conflicto con el árbitro:
“Te voy a contar todo. Desde la primera caída, desde el minuto dos, que pasa algo en el área, me dice que me tiro; es mentira, chocamos las piernas y yo voy al suelo. Entonces él empieza como un plan chulesco. Yo soy de sangre caliente, no me puedo callar (aunque tengo que callarme). En la acción del penalti, para mí es penalti, claro, porque no soy estúpido de dejar pasar una pelota que venga delante de la portería, pero son cosas que los árbitros deciden. Y la siguiente jugada fue que me pisa: yo no estoy mirando para él en ningún momento, no sabía ni que era el árbitro; cuando me pisa, mi reacción es quitármelo de encima, y encima sabe que me pisó y se me queda mirando. Yo lo primero que digo es que encima que me pisó me está mirando mal. Con los árbitros es muy difícil porque se piensan que están encima de todo: yo no puedo hablar con él y él conmigo sí. Eso no lo voy a entender: ¿por qué? Si nosotros no te estamos hablando mal ni nada de eso, pero al final eso queda como anécdota y ya está.”
Más allá de la victoria manchega, la sensación del delantero es que el listón del diálogo y del respeto no es el mismo para futbolistas y árbitros. Jefté admite que debe controlarse —“tengo que callarme”—, pero también deja claro que no entendió el trato ni algunas decisiones, especialmente en acciones dentro del área y en un episodio en el que asegura que el propio colegiado llegó a pisarle.
La “rajada” de Jefté refleja, en definitiva, un malestar que muchos futbolistas sienten, pero que pocos expresan de forma tan gráfica y detallada. Y aunque él mismo intenta rebajarlo al final (“queda como anécdota”), su relato reabre un debate que siempre está latente: la comunicación en el campo y los límites del árbitro frente al jugador.