Escrito por: 5 más el descuento
lunes, 23.02.2026
La derrota sufrida en La Rosaleda ha vuelto a situar al Albacete Balompié frente al espejo de su realidad competitiva. Más allá del resultado, el encuentro confirmó una sensación que se repite cuando el equipo se mide a aspirantes a la zona noble: al Alba le cuesta sostener el pulso ante los conjuntos de arriba.
El tropiezo en Málaga no es un episodio aislado. Semanas atrás, el Deportivo de La Coruña se llevó los puntos en un partido sin excesivo brillo futbolístico, marcado además por una polémica arbitral difícil de explicar. El empate en casa frente al Sporting de Gijón y la derrota ante el Málaga han vuelto a evidenciar las limitaciones de un equipo que compite, pero al que le cuesta marcar diferencias.
El Alba es sólido en determinados contextos, pero sufre cuando los rivales elevan el ritmo, dominan los espacios o exigen soluciones ofensivas que hoy por hoy no aparecen con regularidad.
El momento adquiere mayor relevancia al observar lo que viene. Los de Alberto González afrontan un tramo exigente con compromisos ante UD Almería, SD Huesca, CD Castellón, Real Racing Club de Santander y UD Las Palmas. Una secuencia de rivales directos y aspirantes que pondrá a prueba la estabilidad del equipo.
Más que una amenaza, el calendario se presenta como un examen definitivo para determinar si el Alba puede aspirar a algo más o si su realidad competitiva pasa por asegurar la permanencia cuanto antes.
En enero, el director deportivo Toché aseguró que el equipo pelearía por el play off en mayo. Sin embargo, el mes de febrero está dejando señales claras: el Albacete es competitivo, ordenado y comprometido, pero parece carecer del talento diferencial y la profundidad de plantilla necesarias para sostener una candidatura real al ascenso.
No es un fracaso. Estar alejados del descenso en una categoría tan exigente es un logro notable. Pero tampoco conviene alimentar expectativas que no se corresponden con el potencial actual del equipo.
El equipo sigue acusando las salidas de Riki Rodríguez en la medular y Jon Morcillo en el perfil zurdo. Ningún relevo ha conseguido replicar su impacto en la construcción del juego ni en la generación ofensiva, dejando al equipo sin dos de sus principales focos de creatividad.
Con quince jornadas aún por disputarse, el cálculo es claro: cinco victorias más —quince puntos— deberían bastar para certificar matemáticamente la permanencia. Ese debe ser el objetivo inmediato.
Una vez alcanzado, y si el curso no sufre un giro inesperado, el club podría abordar con tranquilidad la continuidad del proyecto, comenzando por la renovación de Alberto González, cuyo trabajo ha devuelto estabilidad competitiva y conexión con la afición.
Porque la realidad del Alba es la que es: un equipo competitivo, serio y reconocible, que pelea cada partido, pero que —al menos por ahora— parece tener su techo lejos de los sueños del ascenso.