Escrito por: Rodrigo Quero
sábado, 14.02.2026
Mañana el Albacete y el Real Sporting vuelven a verse las caras, esta vez en el Carlos Belmonte, y es imposible no acordarse del partido de ida en El Molinón: una de esas remontadas que se quedan grabadas en la memoria del aficionado del Albacete. Aquel encuentro, correspondiente a la jornada 7, empezó como una pesadilla y terminó convertido en un relato épico para los de Alberto González.
El Sporting, que entonces aún tenía a Asier Garitano en el banquillo, golpeó primero y fuerte. El Albacete se vio 3-0 abajo y el partido parecía encaminado a otra tarde dura lejos de casa. Pero justo antes del descanso llegó el primer punto de apoyo para creer: Antonio Puertas recortó distancias con el 3-1, un gol que no solo cambió el marcador, también cambió la sensación. De repente, el Alba ya no estaba derrotado: estaba vivo.
Tras la reanudación, el choque entró en una fase más contenida, con menos espacios y más tensión. Y ahí apareció Agus Medina en el minuto 71 para firmar el 3-2. El objetivo ya no era “salvar la imagen”, era rascar al menos un punto en un campo siempre exigente. Pero el Albacete no se conformó. En el 88’, Jon Morcillo se inventó un golazo para igualar el partido (3-3) y encender una recta final que parecía sacada de otra categoría.
Lo mejor aún estaba por llegar. En el descuento, un penalti sobre Aguado le dio al Alba la oportunidad de culminar lo imposible. Morcillo, con personalidad, transformó la pena máxima para poner el 3-4 definitivo y firmar una remontada tremenda: de 3-0 a 3-4 en El Molinón, una de esas victorias que unen a un vestuario y que alimentan a una afición durante meses.
Ahora llega el reencuentro. Se espera incluso una coincidencia curiosa: las mismas equipaciones, el mismo rival y el mismo escenario emocional de un partido que, por lo vivido en la ida, ya tiene historia antes de empezar. Eso sí, el propio Alberto ha puesto contexto a aquella locura: “Los equipos hemos evolucionado. Nosotros a nivel defensivo somos más sólidos. Ese día en Gijón marcó su eficacia en la primera parte y la nuestra en la segunda. No es habitual.”