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domingo, 15.02.2026
La designación arbitral para el encuentro de este domingo ha colocado nuevamente el foco en la figura de Sergiu Muresan Muresan, un colegiado joven pero ya conocido por la afición del Albacete Balompié. Nacido hace 34 años en Baia Mare (Rumanía) y adscrito al comité valenciano, afronta su segunda temporada en Segunda División, en plena fase de consolidación dentro del arbitraje profesional.
Durante el presente curso ha dirigido 11 encuentros, entre los que figuran compromisos del propio Albacete —victoria por 1-0 ante el Andorra— y del Sporting de Gijón —empate sin goles frente a Las Palmas—. En total, Muresan ha arbitrado al conjunto manchego en seis ocasiones, con un balance de tres victorias, un empate y dos derrotas, cifras que reflejan una relación estadísticamente equilibrada.
Sin embargo, el contexto en el que llega esta designación trasciende los números. La polémica arbitral vivida hace una semana en Riazor continúa muy presente. El Albacete se sintió gravemente perjudicado por varias decisiones arbitrales —con intervención del VAR incluida— que influyeron directamente en el resultado del partido. Días después, el propio Comité Técnico de Árbitros reconoció errores en dichas acciones, un hecho que alimentó la sensación de agravio en el entorno manchego.
El malestar no se limita a ese encuentro. En las últimas semanas, el equipo dirigido por Alberto González también ha manifestado su descontento por decisiones arbitrales sufridas en Zubieta ante la Real Sociedad B y en Zorrilla frente al Valladolid, configurando una racha de polémicas que ha elevado la sensibilidad arbitral al máximo.
Además, el nombre de Muresan despierta recuerdos recientes. La pasada temporada dirigió el Sporting–Albacete disputado en El Molinón, un partido que derivó en una intensa controversia tras dos intervenciones del VAR que corrigieron sus decisiones iniciales y terminaron con las expulsiones de Rober Pier y Rubén Yáñez. Aquel arbitraje generó debate tanto en Gijón como en Albacete durante semanas.
Con este historial y el contexto actual, el clima en el Carlos Belmonte combina expectación, escepticismo y preocupación. La cita es crucial para el devenir liguero del Alba, y el deseo unánime en el entorno blanco es que el protagonismo recaiga exclusivamente en el fútbol.
El balón dictará sentencia, pero todas las miradas estarán también puestas en el árbitro. Porque en Albacete, tras lo ocurrido recientemente, la confianza se ha convertido en un bien frágil. Y el Belmonte espera, esta vez, no tener que volver a hablar del silbato.