Escrito por: 5 más el descuento
miércoles, 18.02.2026
El Albacete Balompié parece haber encontrado en las últimas semanas un punto de estabilidad defensiva a través de la línea de cinco. Una apuesta clara de Alberto González que ha permitido al equipo ganar solidez atrás y dejar atrás, al menos parcialmente, las dudas que marcaron la primera vuelta.
No hace tanto, el conjunto manchego llegó a ser señalado como uno de los equipos más goleados de la categoría. Las cifras de entonces reflejaban fragilidad estructural, desajustes en transición defensiva y una alarmante facilidad para conceder ocasiones. Hoy, con 37 goles encajados tras 26 jornadas, el dato sigue siendo elevado, pero el contexto ha cambiado: el Alba ya no transmite aquella sensación de vulnerabilidad constante.
El cambio al sistema con tres centrales y carrileros largos ha reforzado la protección del área y reducido los espacios entre líneas. La presencia de Vallejo y Javi Moreno como ejes centrales, junto a un tercer zaguero, ha permitido compactar mejor el bloque y ofrecer ayudas constantes en los costados.
Sin embargo, ese tercer central —o quinto defensor en fase defensiva— ha estado condicionado por las lesiones. La ausencia de Pepe Sánchez durante el último mes y las molestias persistentes de Carlos Neva han obligado al cuerpo técnico a reinventar soluciones. Y ahí es donde aparece la figura de Javi Villar.
El jugador murciano, cuya demarcación natural es la de mediocentro defensivo, ha sido reconvertido como quinto central por pura necesidad. Su capacidad táctica, buena salida de balón y lectura del juego han sido argumentos suficientes para confiar en él en una posición de enorme responsabilidad.
Pero el margen de error en esa zona es mínimo. Y Villar, acostumbrado a intervenir más lejos de su propia área, ha tenido que adaptarse a situaciones de máxima exigencia.
El pasado domingo se produjo un ejemplo claro. Una cesión comprometida hacia Mariño, fruto de una desconexión puntual, obligó al guardameta asturiano a intervenir de manera providencial. El resultado fue un tiro libre indirecto dentro del área que evidenció el riesgo de colocar a un centrocampista en una zona tan sensible.
No fue un error estructural, sino de concentración. Pero en defensa, esos detalles penalizan.
Las voces críticas no han tardado en aparecer. Parte del albacetismo entiende que Villar cumple con esfuerzo y disciplina, pero que el equipo pierde naturalidad defensiva al ubicarlo en esa posición. Además, su ausencia en el mediocentro también altera el equilibrio en la zona ancha.
La reciente aparición de Lluís López abre una nueva alternativa. El central catalán ya ha debutado y podría asumir ese rol específico como tercer central, devolviendo a Villar a su hábitat natural. Todo ello, a la espera de conocer la evolución definitiva de Pepe Sánchez y Carlos Neva.
El balance general invita al optimismo. La línea de cinco ha reducido la sangría de goles y ha otorgado al equipo una identidad más reconocible en fase defensiva. El Alba ya no es aquel conjunto que concedía con excesiva facilidad.
Pero también es cierto que el sistema requiere especialistas. Cuando las piezas no son naturales en su posición, los mecanismos se resienten.
La decisión ahora pasa por evaluar riesgos: mantener a Villar como parche eficaz en una estructura que funciona o devolver cada pieza a su lugar natural para afinar aún más la solidez atrás.
En un tramo decisivo de temporada, cada ajuste cuenta. Y en el Albacete, la defensa ha dejado de ser un problema estructural… aunque todavía esté en proceso de perfeccionamiento.