Escrito por: 5 más el descuento
viernes, 06.02.2026
En la antesala del partido de Copa del Rey entre el Albacete Balompié y el FC Barcelona, el club manchego recibió un gesto tan inesperado como profundamente emotivo. Una carta escrita a mano por una niña de 15 años, socia del Granada CF y natural de Granada, se convirtió en uno de los símbolos más bonitos de todo lo que rodeó a esta eliminatoria histórica.
Lejos de colores y rivalidades, la joven aficionada decidió enviar un mensaje de ánimo al Alba, reconociendo su trayectoria, su esfuerzo y su manera de competir. En sus palabras no hay táctica ni resultado, hay algo mucho más valioso: respeto, admiración y una comprensión del fútbol que emociona por su madurez y sensibilidad.
La carta destaca por su contenido humano. La joven recuerda la eliminación del Real Madrid como un hito ya inscrito en la historia y subraya valores que identifica con el Albacete: trabajo, constancia, sacrificio, unión y valentía. Repite una idea poderosa: para ganar no siempre hace falta calidad, sino ganas y esfuerzo. Un mensaje que conecta directamente con la identidad que el Alba ha construido esta temporada.
Resulta especialmente llamativo cómo, desde la distancia, describe al equipo blanco no como un “equipo pequeño”, sino como un grupo fuerte, unido y capaz de competir contra cualquiera. Habla del Belmonte, de su afición, del ambiente de Copa y de la ilusión compartida por “prácticamente toda España”, reflejando hasta qué punto el Albacete ha despertado simpatías más allá de su entorno habitual.
El texto culmina con un agradecimiento sincero. Agradece lo vivido, lo transmitido y lo representado. Y remata con una frase que resume el espíritu de la carta y de toda la aventura copera del Alba: “No jugáis solos”. Un recordatorio de que el fútbol, cuando se vive así, trasciende escudos y edades.
Que una niña de 15 años, aficionada de otro club y desde otra ciudad, encuentre el tiempo y la necesidad de escribir esta carta dice mucho del momento que vive el Albacete Balompié. El Alba no solo compite, también inspira. Y ese, quizá, sea el mayor de los triunfos.
La carta:
