Escrito por: Rodrigo Quero
jueves, 05.03.2026
El Albacete viaja este sábado a Huesca con una mezcla de necesidad y oportunidad. Necesidad, porque el equipo no gana desde enero y febrero dejó una mochila de resultados que ha frenado el impulso competitivo. Oportunidad, porque el calendario le ofrece un duelo directo ante un rival de la zona baja… y porque la historia reciente en El Alcoraz juega a favor del Alba.
El contexto es claro: el Albacete llega con 35 puntos y con cinco de ventaja sobre el Huesca, que marca la zona de descenso a Primera RFEF. La distancia no es definitiva, pero sí marca el tamaño del partido: ganar significaría dar un paso largo hacia la tranquilidad; perder, reabrir una pelea que el Alba quiere evitar cuanto antes.
En medio de esa tensión aparece un dato que, sin decidir partidos, sí alimenta el optimismo. El Albacete no pierde en Huesca desde 2016, cuando cayó 3-1 en un encuentro en el que Darwin Machís firmó un doblete y Fran Mérida completó el marcador, mientras que Javier Paredes anotó el gol manchego. Desde entonces, el Alba ha convertido El Alcoraz en un escenario donde, como mínimo, suele salir con vida: ha sumado una victoria y cuatro empates en sus visitas posteriores, incluyendo el 0-1 de 2019 resuelto con un gol de Néstor Susaeta.
La dinámica favorable no se limita solo al estadio. En el cara a cara reciente, el Albacete encadena once partidos sin perder ante el Huesca, con siete empates y cuatro victorias. Es una racha que habla de un cruce tradicionalmente cerrado y de detalles, justo el tipo de partido que el Alba debe aprender a manejar mejor tras los puntos escapados en las últimas jornadas.