Escrito por: 5 más el descuento
lunes, 02.03.2026
El Albacete Balompié tiene un problema evidente que explica buena parte de su irregularidad esta temporada: el Carlos Belmonte ya no es un fortín. En una categoría tan igualada como la LaLiga Hypermotion, donde los detalles marcan diferencias mínimas, el rendimiento como local suele ser el sostén de cualquier proyecto que aspire, como mínimo, a vivir con tranquilidad. Y el Alba, hoy por hoy, no lo está encontrando.
Los datos son concluyentes. De 14 partidos disputados en casa, el conjunto manchego solo ha logrado cinco victorias. El balance se completa con tres empates y seis derrotas. Traducido a puntos: 18 de 42 posibles.
Es decir, el equipo apenas ha sumado el 42,8% de los puntos en juego ante su afición. Una cifra insuficiente para un equipo que busca certificar cuanto antes la permanencia y evitar sobresaltos en el tramo final del campeonato.
El problema no es únicamente de resultados, sino también de sensaciones y números ofensivos y defensivos. En el Belmonte, el Albacete ha anotado 16 goles y ha encajado 21. Un saldo negativo de -5 que rompe cualquier lógica de equipo que pretende hacerse fuerte en su estadio.
Encajar más de lo que se marca en casa es una losa difícil de levantar. Cada error penaliza el doble ante tu público y cada oportunidad desperdiciada pesa más cuando el rival suele sentirse cómodo esperando su momento.
El contraste con otros equipos de la categoría es evidente: quienes aspiran a objetivos ambiciosos cimentan sus temporadas en casa. El Alba, en cambio, ha convertido su estadio en un escenario de dudas. No termina de imponer ritmo, no sostiene ventajas y, en demasiadas ocasiones, se ve obligado a remar a contracorriente.
Con la barrera de los 50 puntos como meta para asegurar la permanencia, el margen de mejora pasa necesariamente por el Belmonte. Si el equipo logra elevar su fiabilidad como local en las jornadas restantes, el objetivo estará mucho más cerca. Si no lo hace, el sufrimiento se alargará innecesariamente.
El calendario no concede tregua, pero el diagnóstico es claro: el Albacete necesita recuperar su identidad en casa. Porque en Segunda División, quien no suma en su estadio, acaba pagando un peaje demasiado alto.