Escrito por: Rodrigo Quero
domingo, 01.03.2026
Martín Fernández ha necesitado poco tiempo para dejar una señal clara: gusta a Alberto González. El centrocampista uruguayo, uno de los últimos fichajes del Albacete en el mercado invernal, ha sido titular en los dos partidos en los que el técnico lo ha tenido realmente disponible para competir: Málaga y Almería.
Su llegada no estuvo exenta de ruido. Aterrizó en el último día de mercado, procedente de Newell’s Old Boys y en calidad de cedido hasta final de temporada, con opción de compra. Parte de la afición recibió el movimiento con escepticismo por su pasado en Boston River y por los antecedentes de otros futbolistas que habían llegado desde ese entorno sin rendir como se esperaba. Toché, sin embargo, defendió el fichaje como una decisión estrictamente deportiva, no una imposición externa.
En lo competitivo, el propio proceso de adaptación explica las primeras semanas. Martín venía sin competir desde noviembre, aunque había realizado una preparación previa con Newell’s, y al principio no entró en dinámica de convocatorias. Su primera citación llegó ante el Sporting, pero sin minutos, y a partir de ahí Alberto lo fue incorporando con rapidez al once.
El salto se vio de forma inmediata: titular en Málaga, donde solo jugó 45 minutos en un partido gris del equipo, y titular otra vez ante el Almería, donde ya alcanzó los 80 minutos antes de ser sustituido por Ale Meléndez. Dos titularidades consecutivas que, más allá de si su rendimiento ha sido brillante o discreto, retratan una cosa: confianza.
De momento, Martín Fernández no ha dejado actuaciones que disparen el entusiasmo ni partidos que enciendan la alarma. Su fútbol está siendo más de adaptación que de impacto, con una participación correcta, sin excesos, intentando entender ritmos, espacios y responsabilidades. Y esa es, quizá, la noticia de fondo. Porque en un fichaje discutido en la grada, no hay mejor respuesta que la del entrenador: ponerlo. Dos veces disponible, dos veces titular.