Escrito por: 5 más el descuento
viernes, 01.06.2012
Nos pone el amarillo. Pasados los amarillos arcos esperan las amarillas gradas del vetusto aunque remozado y precioso Carranza. Soy más (ya lo sabeis, en los títulos) de canciones que de refranes. Pero esta semana éste, que oí por primera vez de labios de mi abuelo, abonado del alba y persona sabia como la que más viene al pelo.
Hombre, cierto miedo de volver a comerme mis palabras (las del Orihuela con mi miedo y llamamiento a la prudencia bien ricas me han estado) sí tengo. Pero nos van los amarillos. Nos cargamos al Orihuela y ahora en el horizonte (ya tan cercano que van entrando nerviecillos) otro amarillo y esta vez histórico. Un líder de grupo.
Pues no me da miedo, hale, chincha. Fíjate: Si algo hemos aprendido de la eliminatoria contra el Orihuela (no, perdona, y de todas las eliminatorias que hasta ahora se han dado) es que sí, parece que el grupo primero (con todos los tropezones que los de arriba íbamos comentiendo semana tras semana) era el más fuerte de toda la segunda B. Aquí, en las semifinales del playoff de ascenso hallámonos flamantemente los cuatro representantes de nuestro grupo.
Hm. Dejadme pensar un momento. (La cuenta de la vieja no suele valer). El Madrid Castilla, sobre todo en la segunda mitad de la liga se destacó como líder en solitario y no tardamos en darnos cuenta (a otra cosa nos ganarán, pero a avispados…) de que no le ibamos a alcanzar. Pero nos hemos medido a ellos. ¿En otra circunstancia? Sí. ¿En una situación, por tanto, no comparable?. Pues sí. Pero jamás en enfrentamiento directo tuvimos la sensación de que fuera un equipo tan superior como ha resultado a los amarillos en su eliminatoria por el ascenso directo.
Pues aunque la pobre vieja se envaine la cuenta, para mí la superioridad apabullante del Madrid Castilla sí es síntoma de supremacía del grupo I ante el resto. El Cádiz ha encajado muy pocos goles en liga regular, pero sus rivales eran otros.
Si en pasadas semanas me mostraba plañidero y reservón, hoy me atrevo a estar contento y a ilusionarme con un equipo que en Orihuela me mostró su cara dulce. Hasta evocando ese alba copero y valiente (que diría, cantando, Jorge Fraile sobre su Roda del alma) que se dejó en el camino a un rojiblanco y medio (teniendo en cuenta que el penalty sobre Calle nunca se pitó y habría cambiado y mucho el partido de San Mamés) que merece un premio que no tuvo entonces y José Manuel Martínez vaticina que el destino nos está guardando.
El histórico y amarillo Cádiz (y es sólo una impresión) se presenta en el Belmonte con su vitola de lider esperando sólo por ello causar temor e impresión. Y no es para tanto. Ya nos hemos pasado por la piedra a un amarillo, amigos. Y quien hace un cesto hace ciento. La pena es que no haya esperando después otro amarillo más para hacer pleno. Pero ya que los rojiblancos también nos van, ¿os gusta el Lugo?.
Sólo un miedo atenaza mi esperanza. Las deudas históricas se pagan. Las venganzas frías que el hado pudiera reservar a Jose Gonzalez. A quien veo, en terribles pesadillas, celebrando un posible resultado adverso para el Alba en el centro del campo del Belmonte, blandiendo su botella de agua mineral sin etiqueta y emulando al gran Salvatore Giunta mirando al tendido. Ay señor, que mis ojos caigan cerrados y muertos al suelo antes de presenciar tal estampa.