Escrito por: Rubén Oliva
lunes, 25.10.2010
El Albacete hizo oficial el pasado martes que daba por cerrada su campaña de abonos con 4.225 personas con carnet. La cantidad final no oculta que el Albacete es uno de los clubes de Segunda con menor masa social, si bien muestra un dato positivo: apenas se han perdido 54 abonos con respecto a la temporada anterior.
Es positivo porque los abonados de este año saben a lo que se exponen con este equipo: volver a pelear por la permanencia con una plantilla sin grandes nombres (con permiso del salvador Keilor), en una entidad sujeta a ley concursal y que lleva demasiados años sin dar una alegría a su afición (las permanencias es lo mínimo exigible).
Esto quiero creer que demuestra que hay 4.200 albaceteños a los que le da igual tener en sus filas a Salva Ballesta, Notario o Fernando Sales que tener a Asen, Alan Baró o Fragoso. El número, repito, es bajo para una ciudad de casi 170.000 habitantes pero nos da la posibilidad de decir que la afición del Alba es escasa, pero fiel.
Además, no todos los clubes tienen la posibilidad de presumir de no haber perdido abonados de un año para otro. Si exceptuamos los recién ascendidos (el Granada ha hecho cerca de 4.000 nuevos abonados, unos 800 la Ponferradina y en torno a 1.500 el Alcorcón), y el Real Betis que parece haber aumentado ligeramente la retirada de abonos esta temporada, el resto de equipos de Segunda en el mejor de los casos se mantienen siendo la mayoría los que pierden masa social. Dejando a un lado los descendidos de Primera (que pierden entre 3.000 y 5.500 abonados) llama la atención los casos de: Elche (-4.000), Celta (-3.500), Gimnástic y Girona (-2.500), Recre y Las Palmas (-1.500), Rayo (-1.000) en datos aproximados.
¿Y dónde están los espectadores?
La crisis económica parece ser elemento fundamental en la pérdida de espectadores a los campos de fútbol. Eso, unido al maltrato al que son éstos sometidos nos va resolviendo la duda. Entiéndase por maltrato, partidos en sábados de verano o primavera a las 4 de la tarde o viernes, domingos o lunes de invierno a las 9 de la noche, por ejemplo. La tan repetida frase de “las televisiones mandan” nos aclara la preeminencia de las mismas con respecto al espectador que acude al campo, que queda desamparado frente a lo que los mandamases de las teles en un despacho decidan. Si luego resulta que te retransmiten un 75% de los partidos de tu equipo y tienes la posibilidad de ahorrarte hielos, lluvias, nieves, calores…; que por el precio de un abono tienes para ver 100 partidos de fútbol en el bar de la esquina (2 cañas por partido x 100 partidos = 300 euros) y que en clubes como el Alba existe la posibilidad de que a mediados de temporada te permitan entrar gratis al estadio, acabamos ya por resolver la cuestión de dónde se meten los espectadores que antaño acudían a los estadios españoles.
Por eso, porque no son buenos tiempos para sacar abonados (retransmisiones en casa, dificultades económicas, decepcionante campaña de captación, muchos años padeciendo en lo deportivo, entrenador desconocido, sin fichajes que ilusionen, plantilla honrada pero con limitaciones y teniendo como único objetivo sufrir menos que el año pasado –que nos salvamos el último partido), hay que valorar de forma razonablemente positiva el haber conservado los 4.200… Los 4.200 de siempre.