Acuña en el Mirandés-Albacete. MARCA

Este Alba tiene mejor cara, los árbitros la de siempre (Opinión)

Escrito por: Hugo Piña

lunes, 17.02.2020

El cuento de nunca acabar. Si el Albacete merece ganar, siempre habrá un árbitro que empañe semejante hazaña. Siempre pasa, año tras año. En esta ocasión fue Moreno Aragón quien decidió erigirse en protagonista en un partido que más que fútbol parecía una guerra. Solo así se entiende el acta de después del partido en Anduva, donde el trencilla andaluz amonestó a más de diez jugadores y expulsó a otros dos.

Pero bueno, vayamos por partes. El Albacete hizo buen partido. Con lógicos fallos tras una irregular temporada no esperaba ver a un equipo pulcro que no concediese ocasión al rival y que de paso me sacase de quicio, como también ocurriría con el propio Alcaraz. Para más inri, el gol del Mirandés viene precedido de un aborto de contra, que Acuña y Pedro Sánchez no formulan acertadamente y que el rival aprovechó para establecer el 1-1 definitivo.

Pero, como digo, no esperaba que el Alba fuese un motor alemán. Más bien me esperaba un motorcillo de motocicleta hindú. Y quizá por eso ya estuviera mentalizado ante tal error defensivo, que a mi juicio fue hasta normal dada la temporada. Como fuere, ese error fue de los únicos que tuvo el equipo, apuntalando defensivamente una línea que con Kecojevic va a más (¿dónde estaba el montenegrino antes?).

Con confianza y con puntos este Albacete conseguirá el objetivo de la salvación. Y con triunfos, lo hará antes de la última e indescifrable jornada de liga que esta temporada será en el Ramón de Carranza, ante el actual líder de la categoría. Eso, o que yo soy un iluso y veo brotes verdes donde no los hay.

Que alguien me rebata si no que el Alba no mereció más en Anduva. Un poco más que su rival al menos, al que se notaba cansado y en ciertas fases del partido, alicaído. Y ni aún así consiguió el equipo blanco doblegar a su rival. Pero claro, en esas llegó el inefable Moreno Aragón, quien sacó su fusil para acribillar a diestro y siniestro a los de blanco. Estaba claro, había que limar el cansancio de unos y el desequilibrio de otros. Y como, con tarjetas y un criterio cuanto menos “especial”.

Por cierto y para acabar. Qué mala suerte pijo. En los dos últimos partidos hasta tres balones a la madera. Tres balones que de entrar como ocurría el curso pasado (aún sin merecerlo) cambiaban el sino de la temporada. El de esta, de momento, es el del sufrimiento; y el que mandó el médico en agosto de no marcar más de un gol por partido. No vaya a ser.