Escrito por: Rafa Gil
viernes, 08.07.2022
Siempre lo ha manifestado en sus declaraciones que la Segunda División es la categoría más conoce, pero lo cierto es que llevaba cuatro años sin comandar un proyecto en dicha división. Alfonso Serrano tiene ante si un verano complicado, siendo uno de los presupuestos más bajos de la categoría y teniendo que maniobrar para dar bajas a jugadores con los que no se cuenta pero que tienen contrato en vigor. La situación no es la misma, pero vamos a remontarnos al verano de 2018, Serrano afrontaba su tercera campaña al frente del CD Tenerife para ver cómo lo hizo. Fue la última ocasión que el de Valladolid tuvo entre sus manos un proyecto en el división de plata.
En primer lugar, la primera decisión fue la dar la continuidad a Joseba Etxeberría. El técnico vasco había acudido a la llamada de emergencia de los isleños cuando estaban con el agua al cuello en febrero de la campaña anterior, consiguió sacarlos del atolladero y eso le valió seguir. Sin embargo, en el seno de la entidad existía alguna duda sobre él. Tanto fue así que en septiembre ya estaba destituido.
En materia de fichajes la gran apuesta del verano fue la de José Naranjo. El delantero venía de hacerlo francamente bien en el Nàstic de Tarragona y en el Celta. Los vigueses llegaron a desembolsar por un millón de euros por este chico. Serrano lo rescató del fútbol belga por 400.000 euros. Su rendimiento ha ido de más a menos y en los últimos años el Tenerife ha tenido que sudar para buscarle una salida. Además consiguió la cesión de un delantero contrastado como Nano Mesa y también a préstamo vino una joven promesa del Chelsea como Joao Rodríguez. Undabarrena y Héctor Rodríguez, ambos con más experiencia, vinieron del fútbol vasco.
Los malos resultados, algo que ya le costó el puesto al técnico, propiciaron que posteriormente Serrano fuera también destituido. La directiva entendía que el club se debía de reforzar con precisión en la ventana invernal para mejorar y que ese puesto debía ocuparlo otra persona. Así pues en noviembre, Serrano y el Tenerife separaron sus caminos. Tras la llegada de futbolistas como Borja Lasso, el cuadro chicharrero asomó la cabeza y salvó la categorías sin apuros.