Escrito por: 5 más el descuento

miércoles, 20.03.2013

La derrota del Albacete Balompié en Sangonera fue el detonante para la destitución de su máximo responsable deportivo, Antonio Gómez. El madrileño veía de esta forma truncado un proyecto personal que, además del retorno al fútbol profesional, buscaba sentar unas bases sólidas de futuro en un club que, deportivamente, navegaba a la deriva.

Lamentablemente para él, por encima de la validez y las buenas intenciones están los resultados. El Alba lleva dos meses en caída libre, deambulando por los terrenos de juego. Los futbolistas están sumidos en una depresión con la que Gómez no ha sabido torear. Por muy querido que fuese dentro del vestuario, el revulsivo se hacía más que necesario para afrontar con ilusión un duro final de liga y unas hipotéticas eliminatorias de ascenso.

Si nos detenemos a analizar las circunstancias que han rodeado a la entidad, también es cierto que el ex mánager se ha encontrado con dos grandes problemas. Ni el club económicamente estaba preparado para asumir un proyecto de esas características ni el mismo daba protagonismo a quien, sin quererlo, se iba a terminar convirtiendo en jefecito.

Se marcha un profesional del que se pueden hacer valoraciones contrapuestas. Ha sido el más trabajador, pero ha contado con un salario muy superior a los de la categoría. Ha confeccionado un buen vestuario, pero no ha dado con la tecla que le hiciera funcionar como bloque. Ha ilusionado con la Copa del Rey y los play off, pero se ha echado de menos regularidad y ambición.

Antonio se ha cerrado puertas en muchos clubes por defender lo que correspondía al Albacete, pero también ha abierto muchos frentes innecesarios para tapar vergüenzas. Ha mostrado generosidad hacia el club permaneciendo hasta siete meses sin cobrar para que otros lo hicieran, pero poca comprensión hacia el nuevo dueño de la entidad.

Seguramente, cuando se planteó la posibilidad de que Iniesta invirtiera en el Albacete, más de uno se frotaba los ojos pensando en un mecenas que iba a actuar de mero espectador. Nada más lejos de la realidad. La familia Iniesta ha tomado mando en plaza. Al menos esto hace pensar que se vislumbra futuro. Ojalá. Eso sí, despidámonos de algunas costumbres. Para bien y para mal.