Escrito por: Rodrigo Quero
viernes, 09.01.2026
Víctor Varela salió al paso de la polémica por el precio de las entradas del Albacete–Real Madrid, especialmente en lo relativo a los abonados. El vicepresidente del Albacete Balompié, entrevistado este jueves en Onda Cero, reconoció que entiende el enfado de parte de la afición, sobre todo por la gestión de la venta: un sistema con taquilla física que ha llevado a muchos seguidores a pasar horas —incluso la noche— sin la garantía de conseguir entrada.
Pero donde se ha concentrado el verdadero incendio es en el suplemento para abonados: 50 euros, independientemente de la zona del estadio, ya sea Preferencia o Gol. Para muchos aficionados, el coste se suma a un camino ya cargado: el abono pagado desde verano, el desplazamiento copero a Leganés en algunos casos y el suplemento previo frente al Celta. Con ese contexto, el “Madrid” se percibe como una vuelta de tuerca más.
Varela, sin embargo, no optó por la autocrítica en el precio. Su argumento fue de modelo: defendió que el club ha escogido una estrategia concreta de abonos, más asequibles durante toda la temporada, y que eso implica pagar más cuando llega un partido “extraordinario”. En su explicación, planteó tres caminos posibles: incluir la Copa en el abono y subir su precio; subir el abono para después cobrar menos en estos eventos; o mantener el abono más barato y permitir que cada abonado decida si paga o no por partidos especiales, asumiendo un suplemento superior cuando llegan.
Para sostener esa idea, Varela pidió poner el dato en perspectiva con un cálculo global. “Yo os invito a que hagáis ese cálculo: si sumáis el partido del Celta, el del Real Madrid, los 21 de Liga, los abonos más baratos pagan 9,7 euros por partido. Y os pregunto: ¿qué evento vale 9,7 euros por partido?”, expuso, defendiendo que el precio medio por encuentro seguiría siendo competitivo incluso añadiendo los suplementos de Copa.
El debate, en cualquier caso, sigue abierto. Una parte de la afición entiende el razonamiento económico; otra no discute tanto el “modelo” como la sensación de agravio: pagar lo mismo en cualquier zona y, sobre todo, sentir que el abonado —quien sostiene el club cada semana— no recibe un trato diferencial cuando llega el partido más esperado del año.