El Albacete, alerta ante el Dépor: 12 goles encajados en los tres últimos duelos

Escrito por: Rodrigo Quero

sábado, 07.02.2026

El Albacete viaja a A Coruña con un detalle reciente que no puede pasar por alto: en sus tres últimos partidos ante el Deportivo ha encajado 12 goles, una cifra demasiado alta que obliga a corregir cosas si el equipo quiere competir de verdad en Riazor.

El Dépor no está siendo, precisamente, un rival amable para el Alba desde aquel histórico “Riazorazo”. No han sido demasiados enfrentamientos desde entonces, pero sí lo bastante contundentes como para dejar una sensación repetida: al Albacete le ha costado sostenerse en los partidos, sobre todo cuando el duelo se rompe y entra en ida y vuelta. Más allá del resultado, lo preocupante ha sido la impresión de estar lejos del nivel competitivo que exige un rival grande, con pegada y con capacidad para castigar cada desajuste.

Los números explican el porqué de la alerta. La temporada pasada, cuando volvieron a verse las caras, el Deportivo pasó por encima en el Carlos Belmonte con un 2-5 que fue un golpe duro, no solo por la goleada, sino por la facilidad con la que encontró espacios y remates. En la vuelta, ya en el tramo final del curso y con la salvación bastante encaminada, el Albacete volvió a sufrir de manera severa en Riazor con un 5-1. Y esta temporada, en la ida en Albacete, la imagen mejoró por momentos, pero el marcador volvió a caer del lado gallego con un 0-2: el Alba compitió algo más, pero le costó generar y se quedó sin premio.

Ahora el reto es doble. Por un lado, el Albacete quiere seguir sumando para alejarse definitivamente de la zona roja. Por otro, necesita demostrarse que puede dar un paso real ante un rival de los que marcan el listón de la categoría. Para ello, la corrección es clara: reducir errores que se convierten en goles, proteger mejor el área en los momentos de sufrimiento y, sobre todo, evitar desconexiones que ante el Dépor se pagan carísimas.

Riazor es un campo que al Alba se le ha atragantado en los últimos tiempos, pero precisamente por eso el partido se presenta como una oportunidad: competir mejor, conceder menos y cambiar una tendencia que, hasta ahora, ha sido demasiado dura.