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sábado, 14.02.2026
Inquietud en el Belmonte: la designación de Muresan reabre viejas heridas tras el ‘caso Riazor’
El ambiente en Albacete vuelve a cargarse de tensión antes incluso de que ruede el balón. Tras el huracán arbitral vivido hace apenas una semana en Riazor —con decisiones polémicas, comunicados oficiales y el propio Comité Técnico de Árbitros reconociendo errores perjudiciales para el Alba— la designación arbitral para el encuentro de este domingo ante el Sporting de Gijón ha desatado miedo, incredulidad y una enorme expectación en el entorno manchego.
La Real Federación Española de Fútbol ha designado al colegiado Sergiu Muresan Muresan para dirigir el choque en el Carlos Belmonte. Una elección que, en circunstancias normales, no tendría mayor lectura, pero que llega en un contexto extremadamente sensible y con un precedente que todavía se recuerda con nitidez.
Ese antecedente se remonta a la pasada temporada, cuando el árbitro dirigió en El Molinón el encuentro que terminó con victoria del Albacete Balompié por 0-2 ante el Sporting. A los 20 minutos, Rober Pier fue expulsado tras una acción inicialmente sancionada con amarilla y revisada posteriormente por el VAR, que llevó al colegiado a mostrar la roja directa. La polémica no terminó ahí: en el minuto 90, Muresan volvió al monitor para señalar un penalti sobre Higinio y expulsar al guardameta Rubén Yáñez.
Aunque el Alba se llevó el triunfo, la controversia se prolongó durante semanas en Gijón por el impacto de aquellas decisiones. Ahora, casi un año después y justo tras la vorágine vivida en Riazor, el mismo colegiado vuelve a cruzarse en el camino del conjunto manchego.
La designación llega además en un momento en el que el CTA ha dado la razón al Albacete por los errores sufridos ante el Deportivo, lo que ha elevado la sensibilidad arbitral a niveles máximos. En la ciudad se mezclan el temor a que vuelva a producirse una actuación determinante con la sensación de que el equipo necesita, más que nunca, un arbitraje discreto y sin protagonismo.
Mientras tanto, el Carlos Belmonte se prepara para responder. Se espera un ambiente intenso, marcado por el recuerdo aún reciente de lo ocurrido en Riazor y por la necesidad de que el fútbol vuelva a decidirse únicamente sobre el césped.
En Albacete no se habla solo de un partido. Se habla de confianza, de justicia deportiva y de la esperanza de que esta vez el árbitro no sea el protagonista. Porque tras lo vivido, el miedo existe. Y el Belmonte, seguro, no olvidará.