Escrito por: Rodrigo Quero
domingo, 01.03.2026
El empate del pasado viernes ante el Almería (1-1) dejó sensaciones encontradas en el Carlos Belmonte. El Albacete compitió con orden, se sintió relativamente cómodo en fase defensiva —especialmente tras el descanso— y llegó a tener el partido controlado hasta que el visitante igualó en el minuto 95. Sin embargo, en una noche con pocas cosas realmente negativas a nivel colectivo, sí hubo dos nombres que salieron más discutidos por la grada: Javi Villar y Samu Obeng.
Lo de Villar sorprendió desde el inicio. Alberto apostó por él como titular en el centro del campo, formando junto a Martín Fernández en la sala de máquinas. El problema no fue tanto una acción concreta como la sensación general que dejó su partido: momentos de calidad aislada, pero poca continuidad, poca presencia en la disputa y un lenguaje corporal que no termina de conectar con una afición que, en este tramo de curso, demanda energía y liderazgo en cada balón dividido.
El encuentro, además, se le hizo corto. Villar fue sustituido en el minuto 57 por Pacheco, en un cambio que podría ser por problemas físicos, pero que también coincidió con el momento en el que el Alba necesitaba más ritmo y agresividad para sostener la ventaja. Ese relevo terminó de alimentar el runrún: la grada espera más de un futbolista con talento, pero quiere verlo acompañado de carácter.
Obeng, por su parte, entró desde el banquillo en el minuto 68, sustituyendo a Jefté. Su participación generó varias críticas por imprecisiones y decisiones apresuradas en acciones donde el equipo pedía calma para cerrar el partido o claridad para encontrar la sentencia. Tuvo presencia en zonas de remate y llegó a finalizar una acción, pero no logró dar esa sensación de amenaza fiable que necesitaba el Albacete en el tramo final.