Escrito por: Rodrigo Quero
domingo, 26.04.2026
La derrota del Albacete Balompié ante la SD Eibar dejó mucho más que un resultado negativo. Dejó, sobre todo, la sensación de impotencia de un equipo que generó, insistió… pero no encontró el gol. Y eso es precisamente lo que más desquició a Alberto González.
El técnico compareció en rueda de prensa visiblemente frustrado tras un partido difícil de explicar. En apenas 15 minutos, el Albacete ya se encontraba con un 0-2 en contra, un escenario que condicionó completamente el desarrollo del encuentro. Aun así, su equipo no bajó los brazos.
Todo lo contrario. El Alba reaccionó, tomó el control del balón y empezó a generar ocasiones de forma constante. Hasta 25 disparos llegó a realizar el conjunto manchego, un dato poco habitual… pero que no sirvió para mover el marcador.
“Yo no sé cuándo hemos tirado 25 veces”, reconocía el propio Alberto, reflejando la incredulidad por lo sucedido.
El problema, según el técnico, estuvo en la falta de eficacia. Porque mientras el Albacete acumulaba llegadas sin premio, el Eibar demostraba todo lo contrario: contundencia y solidez. No en vano, el conjunto armero es uno de los equipos más fiables de la segunda vuelta, algo que también quiso destacar el entrenador malagueño.
“Ha llegado un equipo que en los últimos 15 partidos solo ha encajado seis goles, con una solidez enorme”, explicaba.
Esa diferencia de acierto fue determinante. El Albacete tuvo el balón, tuvo las ocasiones… pero no tuvo el gol. Y eso, en una categoría tan igualada, se paga caro.
Alberto también incidió en la importancia de haber recortado distancias. Un hipotético 1-2 habría cambiado el escenario, activando al equipo y a la grada. Pero ese tanto nunca llegó:
“Si no logras meter el 1-2, ellos difícilmente se van a incomodar”.
El resultado final dejó al Alba sin premio pese al esfuerzo, en un partido donde la estadística no reflejó lo ocurrido sobre el césped. Un encuentro que resume perfectamente uno de los grandes males del equipo en ciertos momentos de la temporada: la falta de acierto de cara a portería.