Escrito por: Bienvenido Picazo
martes, 21.07.2026
Prueba irrefutable de mis nulas capacidades como pitoniso es el escrito que les remití a ustedes hace un mes y pico diciéndoles que no veía a la Selección bordándose la segunda estrella, pues bien, aunque ya lo he dicho en más de media docena de ocasiones, quede constancia de que no soy el mejor compañero para rellenar una quiniela.
La Selección de Luis de la Fuente, ha dado una lección de señorío y fútbol a partes iguales, pero España ha ganado el Mundial por saber estar y obviar las mil tretas del rival; de no haber sido así, la final no se hubiese ganado nunca. Los de enfrente, sabedores de su inferioridad en todos los sentidos, sólo son superiores en antideportividad, que, a la postre fue lo único que los llevó a disputarla. Sólo el fútbol permite que equipos tan mediocres lleguen tan lejos.
El trabajo de nuestro seleccionador ha sido encomiable, porque convencer a un grupo de jóvenes de no caer en todo tipo de provocaciones, de orillar decisiones inauditas del árbitro, anulando un gol alucinante, o ahorrando mil tarjetas a los de enfrente; requiere de mucha terapia. Afortunadamente la prensa mundial ha podido ver, y no sólo en la final, el espíritu y el cuajo de ambos finalistas y todos se han rendido a la evidencia.
Patético resultó el hecho de que los indignos rivales no saludasen al Campeón como merecía, particularmente sangrante y doloroso corroborar que muchos de los rivales jueguen en España y le deban buena parte de lo boyante de sus cuentas corrientes.
Pero lo importante es que, tras décadas de espera, sufrimiento y fracasos, España tiene un plan, además una planificación basada en la ciencia, la paciencia, el saber estar y la calidad de la materia prima; la furia, en buena hora, ya es cosa del pasado. Llevamos dos generaciones de muy altos vuelos, a eso no se le llama casualidad. Cuando ves que enfrente, el único que sabe jugar al futbol -¡y de qué manera!-, frisa la cuarentena y que tras él se adivina un erial, se puede colegir sin mucho esfuerzo que la capacidad de previsión es entre nula y lamentable. ¿Pensaban que el 10 sería eterno? Eso sí es casualidad o, quizá que echó los dientes en España, vaya usted a saber.
Felizmente nos hemos dado un atracón de autoestima, el fútbol, y no es la primera vez, salva otra vez la dinámica lamentable a la que nos arrastra el más tramposo entre los tramposos.
Los árboles no nos han impedido ver el bosque, porque hemos seguido el primer entrenamiento de los nuestros y, a la vuelta de unos días, recuperadas las constantes vitales, estaremos en condiciones de seguir la pretemporada que no miraremos de refilón, sino perfectamente implicados.