Escrito por: 5 más el descuento
miércoles, 29.07.2026
El Albacete Balompié afronta la temporada 2026/27 con una portería que combina dos perfiles diferentes, pero complementarios. Diego Mariño y Carlos Marín están llamados a competir por la titularidad bajo los palos del equipo de Alberto González, en una demarcación que ha sufrido una profunda transformación tras la salida de Raúl Lizoain.
El gallego Diego Mariño, de 36 años, representa la experiencia. Su trayectoria profesional es extensa y acumula una importante cantidad de partidos tanto en Primera como, especialmente, en Segunda División. Formado en el Villarreal, pasó posteriormente por Valladolid, Levante, Sporting de Gijón, Almería y Granada antes de aterrizar en Albacete. Su etapa más prolongada fue en Gijón, donde permaneció siete temporadas y se convirtió en uno de los guardametas más reconocibles de la categoría.
Su currículo internacional también habla de su nivel. Mariño fue internacional en las categorías inferiores de España y conquistó dos Eurocopas Sub-21, además de formar parte de la selección olímpica que acudió a Londres 2012. En su primer curso como albacetista llegó procedente del Granada, donde disputó 23 encuentros ligueros pese a incorporarse con la temporada ya iniciada.
Al otro lado aparece Carlos Marín, siete años más joven y con un recorrido diferente. El almeriense llega al Alba después de cinco temporadas en Córdoba, donde se convirtió en uno de los grandes protagonistas del crecimiento del conjunto blanquiverde. En ese periodo disputó 150 partidos oficiales, participó en dos ascensos, conquistó una Copa RFEF y dejó 51 porterías a cero.
Marín también cuenta con experiencia internacional en las categorías inferiores de España y, sobre todo, llega a Albacete en un momento de madurez deportiva. Su paso por Córdoba le permitió crecer en escenarios de máxima exigencia y adquirir un conocimiento profundo de Segunda División. El propio guardameta ha explicado que recibió varias ofertas de la categoría antes de decantarse por el Albacete.
Y ahí está precisamente el atractivo de la pareja. Mariño aporta veteranía, jerarquía y experiencia; Marín, hambre, recorrido y margen de crecimiento. Son dos porteros con características distintas para una misma posición que exigirá competencia permanente.
Además, la llegada de Marín responde exactamente a una de las necesidades que había señalado Toché: encontrar un guardameta con capacidad para competir por minutos y que pudiera acompañar a Mariño en una portería que necesitaba renovación.
Alberto tendrá ahora la última palabra. El técnico contará con dos arqueros preparados para asumir el puesto y con suficiente experiencia para afrontar una temporada larga. El reto será convertir esa competencia en una fortaleza. Dos perfiles distintos, una misma misión: hacer del arco del Carlos Belmonte una posición segura durante toda la temporada.