Escrito por: Hugo Piña
lunes, 24.08.2026
Hay derrotas que dejan puntos perdidos y hay derrotas que, además, señalan problemas. Las dos primeras del Albacete Balompié pertenecen, de momento, a la segunda categoría. El equipo de Alberto González ha arrancado con cero puntos de seis y, más allá de la clasificación —que a estas alturas todavía admite todo tipo de correcciones—, lo que preocupa es el desequilibrio que está mostrando.
Porque el Alba no está siendo inferior a sus rivales durante los 90 minutos. El problema está en las áreas. En la propia, encaja demasiado y concede acciones que terminan castigándole. En la contraria, genera, pero no tiene la contundencia suficiente para transformar sus mejores momentos en puntos. Las acciones pueden ser desafortunadas, producto de errores individuales o simplemente fruto del fútbol, pero todas terminan dibujando una realidad: este equipo está descompensado.
Y ahí aparece, para mí, el gran asunto pendiente: falta un Riki Rodríguez.
No se trata de recuperar al futbolista que se marchó al Deportivo en enero —ni siquiera el propio Riki ha terminado de encontrar en Riazor la regularidad que tuvo en Albacete—, sino de encontrar un perfil. Un jugador que haga de brújula en la medular, que tenga capacidad para defender, pero también para sacar el balón, darle sentido a la posesión y conectar con un ataque que, sobre el papel, es probablemente uno de los grandes argumentos de este Albacete.
San Bartolomé y Ortuño tienen sus virtudes, pero hasta ahora no parecen responder a esa necesidad. Y quizá tampoco sea justo pedirles que lo hagan. No son lo que necesita el equipo en esa posición. Ni Samba ni Ortuño tienen, hoy, ese perfil que demanda el centro del campo manchego, y esperar que lo adquieran en cuestión de semanas sería más un ejercicio de fe que de análisis.
Alberto necesita criterio.
Necesita un futbolista que sea soldado raso cuando toca correr, presionar y tapar agujeros, pero que se convierta en general cuando el balón supera la línea del centro del campo. Alguien capaz de levantar la cabeza, decidir cuándo acelerar y cuándo respirar, y conectar con futbolistas como Soberón, Corpas, Rober o el propio Munir cuando esté disponible.
Ahora mismo esa conexión no existe con suficiente continuidad.
Y eso explica en buena medida por qué el Albacete tiene fases de partido en las que parece tener recursos para hacer daño y otras en las que se convierte en un equipo espeso, previsible y sin pulsaciones. No basta con tener buenos futbolistas arriba. Hace falta alguien que les haga llegar la pelota en las mejores condiciones.
Durante un tiempo, después de la salida de Riki, pareció que ese hombre podía ser Martín Fernández. Pero aquello terminó de una manera que todavía resulta difícil de explicar para muchos. Su salida sigue envuelta en cierto misterio y, mientras tanto, el Alba continúa buscando ese perfil que entonces parecía tener una solución.
No es el único problema, ni mucho menos. Alberto necesita recuperar efectivos de la enfermería y, sobre todo, que regresen en condiciones de ofrecer su mejor versión. Las lesiones están condicionando demasiado pronto una plantilla que todavía necesita tiempo para ensamblarse.
Pero el fútbol no concede demasiado tiempo.
Dos derrotas son solo dos derrotas en una competición de 42 jornadas, pero la historia reciente invita a mirar el dato con cierta cautela. La última vez que el Albacete perdió sus dos primeros partidos de Liga fue en la temporada 2020/21, aquella que terminó con el descenso. No significa absolutamente nada sobre el desenlace de esta campaña. Las circunstancias son diferentes, la plantilla es diferente y las sensaciones, aunque malas, no son aquellas.
Pero los números son los números.
Y ahora mismo dicen que el Alba está en descenso, que ha recibido cuatro goles y que no ha sumado ningún punto.
Alberto habló después de la derrota ante la Real Sociedad B de la famosa «nublaera». Esperemos que aquello sea exactamente eso: una nube pasajera. Porque este Albacete tiene argumentos para salir de ella. Tiene jugadores diferenciales, tiene un ataque que puede marcar diferencias y tiene todavía tiempo para corregir.
Pero necesita que el sol vuelva a aparecer desde el centro del campo.
Ahí está, en mi opinión, la pieza que falta para que todas las variantes de este equipo terminen de conectarse. Un futbolista que dé pulso, identidad y equilibrio. Que permita defender mejor y atacar mejor. Que haga que el Alba deje de parecer dos equipos diferentes dependiendo de dónde esté el balón.
Quedan los últimos días de mercado y toca esperar. Toché y, sobre todo, la propiedad tienen ahora la responsabilidad de acertar en los movimientos que reclama la situación.
Porque quizá este Albacete no necesite una revolución. Quizá solo necesite una pieza.