Escrito por: Rubén Oliva
jueves, 24.09.2026
Munir El Haddadi, Obeng, Pepe Sánchez, Antonio Puertas, Capi, San Bartolomé, Rober González y Vallejo. Con esas bajas se presentaba el pasado viernes el siempre cuestionado Alberto González para jugársela en un día totalmente clave. La primera parte fue buena y el Alba pudo ganar, pero después un pésimo despeje de Javi Moreno y otro no-despeje de Bernabéu pusieron el 1-2 y encendieron al Belmonte que disparó contra el entrenador. Él no fue el autor de esos despejes ni de los goles que una y otra vez fallan sus jugadores, pero el que está siempre en el centro de la diana es él.
A esas ocho bajas enumeradas al principio ahora hay que añadir dos más: Loren Aguado y Javi Moreno. Así es imposible competir y ni aunque venga Guardiola podría hacer milagros con una plantilla tan cogida con alfileres. Alberto está jugando sin su pareja de centrales, sin jugadores clave como Munir, Puertas o Rober y con otros como Agus Medina o Álex Rubio que acaban de salir de lesión.
Es muy difícil cuestionar a un trabajador cuando apenas cuenta con herramientas pero lo cierto es que Alberto parece que siempre ha tenido que hacer más que otros para reafirmarse. Lleva tres permanencias y más de cien partidos demostrando, pero para muchos nunca ha sido suficiente.
Alberto no es, ni de lejos, el principal responsable de la mala situación que atraviesa el equipo. Sí de empeñarse en contar con un preparador físico que no está demostrando estar a la altura. Habrá muchas causas en la plaga de lesiones, pero los números son demoledores para que Juanjo Rico hubiera dejado de ser hace mucho tiempo el encargado de la parte física de esta plantilla.
En Girona es muy probable que Alberto se la juegue, porque ya se sabe por dónde se rompe la cuerda en estas situaciones. Pero más allá de poder cuestionarle alguna que otra decisión, no ha sido, es ni será el principal culpable de que el Alba esté ahí abajo. Y eso lo saben los que mandan en el club y por eso lo aguantan. Porque cuando Alberto ya no esté y si las cosas no mejoran, saben que el enfado de la grada va a dejar de dirigirse al banquillo para girarse hacia el palco.