Escrito por: Rodrigo Quero
domingo, 27.09.2026
El Albacete sigue sin carburar del todo, pero el partido ante el Girona dejó una sensación diferente a la de jornadas anteriores. El equipo no marcó y volvió a marcharse de vacío, pero esta vez generó lo suficiente como para haber encontrado la portería rival en varias ocasiones. El problema es que, mientras el ataque empieza a ofrecer señales de mejoría, la defensa continúa siendo el gran lastre del conjunto manchego.
Siete jornadas después del inicio de la competición, el Albacete todavía no ha conseguido dejar su portería a cero. Ni una sola vez. En todos los partidos disputados ha encajado al menos un gol y en cinco de ellos recibió dos tantos. Una dinámica que explica buena parte de los problemas de un equipo que solo suma un punto de los 21 posibles y que ha perdido seis de sus siete encuentros.
Los números son contundentes: el Albacete ha encajado 12 goles, una cifra que le coloca como el cuarto equipo más goleado de la categoría. Y lo preocupante no es únicamente la cantidad, sino la regularidad con la que el rival encuentra el camino hacia la portería manchega.
La responsabilidad no recae únicamente sobre los cuatro defensores. El centro del campo también está señalado. El equipo está echando en falta una figura capaz de proteger a la zaga, cortar transiciones y dar equilibrio cuando el rival tiene el balón. La ausencia de un pivote con esas características está siendo especialmente visible en este inicio de campeonato.
Mientras tanto, el partido de Girona dejó una lectura diferente en el otro lado del campo. El Albacete terminó sin marcar, pero sometió durante muchos minutos al conjunto catalán y generó numerosas oportunidades. El conjunto manchego realizó 20 disparos y dispuso de ocasiones muy claras que no consiguió transformar.
Fue, en muchos momentos, un auténtico asedio. El equipo llegó, encontró espacios y tuvo situaciones suficientes para haber cambiado el resultado. Faltó, eso sí, la eficacia necesaria para convertir todo ese volumen ofensivo en goles.
Y ahí aparece la gran paradoja de este Albacete. El ataque parece empezar a carburar, pero la defensa sigue sin responder. Cuando el equipo consigue generar, no termina de aprovecharlo; cuando no consigue marcar, cualquier error atrás tiene un peso enorme.
Con solo un punto en siete jornadas, el margen de error es mínimo. El Albacete necesita mejorar en todas las facetas, pero los datos apuntan especialmente hacia una dirección: el gran problema está atrás. Mientras la portería siga encajando en cada jornada, cualquier mejora ofensiva corre el riesgo de quedarse en nada.