Escrito por: 5 más el descuento
domingo, 04.10.2026
El Albacete Balompié ha tocado fondo. Ocho jornadas, un solo punto y el peor arranque liguero de su historia en Segunda División. Más allá de la clasificación, los números explican por sí solos buena parte del problema: cinco goles a favor y quince en contra. Un equipo que llega, pero no define; que compite por momentos, pero concede demasiado. Dos caras de una misma moneda que han llevado al Alba al último puesto.
El déficit ofensivo resulta especialmente llamativo porque el Albacete no puede decir que no genere ocasiones. Las tiene. En muchos partidos, incluso suficientes como para haber cambiado el resultado. El problema aparece cuando toca rematar la jugada. Soberón y Corpas han tenido oportunidades de sobra para engordar sus registros, pero el gol se resiste y esa falta de contundencia termina pasando factura.
Cinco tantos en ocho jornadas son una cifra demasiado pobre para un equipo que necesita salir del pozo. Además, los goles están muy repartidos: San Bartolomé, Dani Bernabéu, Higinio, Álex Rubio y Rober González son los únicos jugadores que han visto portería. Cinco goleadores distintos, sí, pero una producción ofensiva claramente insuficiente.
Y si el ataque preocupa, la defensa directamente enciende todas las alarmas.
El Alba ha encajado en los ocho partidos disputados. No ha conseguido dejar su portería a cero en ninguna jornada y ya son quince los tantos recibidos. Demasiados para cualquier equipo que aspire a competir con garantías en una categoría tan igualada.
La última derrota ante el Eibar volvió a demostrarlo. El Albacete fue superior durante una primera mitad en la que se marchó por delante, pero tras el descanso concedió tres goles y volvió a quedarse sin respuestas.
Ahí está el gran problema: cuando el Alba necesita marcar, no marca; cuando necesita defender una ventaja, no defiende.
El resultado es un equipo colista, atrapado en una dinámica que ha terminado llevándose por delante a Alberto González y que obliga ahora a encontrar soluciones. Porque cambiar de entrenador puede modificar determinadas cosas, pero hay dos problemas que el nuevo técnico tendrá que resolver desde el primer día: hacer que el Alba sea más contundente en las áreas o el sufrimiento continuará.