Escrito por: 5 más el descuento
domingo, 11.10.2026
El Alba es colista con un solo punto de 24 posibles, cinco goles a favor y quince en contra. La salida de Alberto González abre una nueva etapa con Joseba Etxeberría, pero el cambio de entrenador no resolverá por sí solo los problemas de un equipo que necesita corregir sus errores en ambas áreas y recuperar la confianza.
El Albacete Balompié ha llegado al primer gran punto de inflexión de la temporada antes de lo que nadie esperaba. Ocho jornadas, un empate, siete derrotas y apenas un punto en el casillero. El equipo es colista y los números dibujan un inicio difícil de defender. La destitución de Alberto González puso fin a una etapa que había dejado momentos de crecimiento, pero que se ha desplomado en este arranque liguero.
El desastre tiene nombres y apellidos, aunque no se puede señalar a un único culpable. Hay responsabilidades compartidas entre el rendimiento de los futbolistas, los errores colectivos, la planificación y la capacidad del equipo para responder cuando los partidos se complican. La clasificación no es fruto de una mala tarde aislada: es la consecuencia de ocho jornadas en las que el Albacete no ha encontrado una fórmula que le permita competir con regularidad.
La llegada de Joseba Etxeberría supone una oportunidad para cambiar el rumbo. Pero el técnico vasco no hereda únicamente un equipo que necesita resultados. Recibe un grupo que debe reconstruir sus certezas, mejorar su rendimiento en las áreas y aprender a gestionar los momentos decisivos de los encuentros. La reacción empieza por reconocer qué ha fallado.
Los quince goles encajados son el síntoma más grave. El Albacete ha recibido tantos en los ocho encuentros disputados y presenta una diferencia de goles de -10. No es únicamente una cuestión de que los rivales tengan más calidad en el último tercio: los errores de posicionamiento, las desconexiones y la dificultad para sostener las ventajas han terminado por convertir partidos competidos en derrotas.
El encuentro frente al Eibar fue el ejemplo más reciente. El Alba se adelantó a los tres minutos por medio de Rober González, pero acabó perdiendo por 1-3. Algo parecido había ocurrido ante el Córdoba: después de comenzar mejor y ponerse por delante, el equipo terminó cediendo el partido en la segunda mitad. La secuencia se ha repetido demasiado como para considerarla una casualidad.
El problema tampoco se limita a la línea defensiva. Cuando un equipo encaja con tanta frecuencia, la responsabilidad debe analizarse de manera colectiva. La presión no siempre incomoda al rival, el centro del campo no logra cerrar todos los espacios y la última línea queda expuesta en situaciones que exigen una coordinación mayor. A ello se suma el desgaste que provoca jugar con la obligación de remontar o proteger ventajas mínimas.
Etxeberría necesita recuperar la fiabilidad del bloque. Su idea pasa por que los delanteros sean los primeros defensores, que el equipo presione con coordinación y que las distancias entre líneas permitan llegar a las ayudas. Si cada futbolista salta por su cuenta, el rival encontrará espacios; si el equipo defiende demasiado atrás, acabará concediendo metros y acumulando centros y segundas jugadas.
El ataque presenta una paradoja. El equipo no está completamente desconectado de la portería rival, pero su producción no se traduce en suficientes goles. Ha marcado cinco en ocho jornadas, una media de 0,63 por partido, frente a los diez tantos que promedian los equipos de la categoría en las estadísticas oficiales del club. Además, suma 77 remates, prácticamente en línea con la media de la competición, pero solo dos asistencias.
Es decir, el Albacete no está generando un volumen de disparos radicalmente inferior al de sus rivales. El déficit está en la calidad de las ocasiones, la precisión en el último toque y la capacidad para fabricar situaciones de gol más claras. José Corpas, segundo máximo rematador de Segunda según los datos citados en las últimas jornadas, simboliza esa dificultad: encuentra posiciones para finalizar, pero el equipo necesita más rendimiento de cada llegada.
La responsabilidad está repartida. Cinco futbolistas diferentes han marcado los cinco tantos del Alba —San Bartolomé, Dani Bernabéu, Higinio, Álex Rubio y Rober González—, una diversidad que evita depender de un solo goleador, aunque también evidencia que todavía no hay una referencia que marque diferencias de manera regular.
El nuevo entrenador tendrá que trabajar la ocupación del área, las llegadas desde segunda línea y la selección del último pase. No basta con rematar más: se trata de rematar mejor y de que los atacantes encuentren soluciones cuando el rival defiende cerca de su portería. En un equipo que encaja tanto, cada ocasión desperdiciada pesa el doble.
Hay otro elemento que no aparece en las estadísticas, pero que explica parte de la caída: la confianza. Cuando un equipo encadena derrotas, cada error parece confirmar que algo va mal. Una ocasión fallada genera dudas; un gol encajado desordena; una ventaja perdida vuelve a instalar el miedo. El Albacete necesita romper esa dinámica y volver a competir sin que cada contratiempo le saque del partido.
Etxeberría ha hablado de una plantilla con potencial y de la necesidad de mirar hacia delante. Su mensaje debe traducirse en comportamientos concretos: mantener la concentración después de marcar, reaccionar mejor tras una pérdida y no renunciar al plan cuando el marcador se pone en contra. La energía de los primeros minutos no sirve de mucho si desaparece después del descanso.
El entrenador cuenta con dos futbolistas que ya conocen sus métodos: Corpas, con quien coincidió en el Eibar, y Álex Rubio, al que dirigió en el Real Murcia. Ese conocimiento puede facilitar la transmisión de sus ideas, aunque la mejora dependerá de la respuesta de todo el vestuario.
El cambio de entrenador ofrece un punto de partida, no una solución automática. El nuevo técnico necesita introducir ajustes sin deshacer por completo lo que el equipo sí ha hecho bien, recuperar efectivos y encontrar una estructura que reduzca los errores. El calendario, sin embargo, no espera: el Albacete es colista con un punto de 24 y ya no puede permitirse seguir aplazando la reacción.
Los datos dejan claras las prioridades. El Alba debe defender mejor, aprovechar más sus ocasiones y aprender a gestionar los partidos. No necesita convertirse de golpe en un equipo brillante, pero sí en uno fiable. Con cinco goles a favor y quince en contra, la primera meta es sencilla de formular y difícil de ejecutar: dejar de regalar tanto y empezar a marcar lo suficiente para que el trabajo tenga recompensa.
El desastre no tiene un único responsable ni se resolverá señalando nombres. Pero sí tiene defectos identificables y un margen de mejora concreto. Etxeberría llega para corregirlos. El reto inmediato es que el Albacete deje de ser un equipo que compite por fases y empiece, por fin, a competir durante los noventa minutos.