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lunes, 19.10.2026
El piloto y team manager de DriveX, Miguel Ángel de Castro, ha mostrado su satisfacción por regresar al Circuito de Albacete coincidiendo con la reactivación de la instalación, donde durante dos jornadas ha desarrollado entrenamientos con varios monoplazas y vehículos clásicos junto a un equipo de cerca de 40 personas.
De Castro no ocultó su entusiasmo por volver a rodar en Albacete y destacó el valor que tiene para el automovilismo nacional que el circuito haya recuperado su actividad. El responsable de DriveX considera además que la reapertura del trazado supone una excelente noticia para la provincia.
La presencia de varios monoplazas en pista llamó la atención y, según explicó, aunque actualmente las fórmulas son más difíciles de ver en los circuitos españoles, el automovilismo internacional atraviesa un gran momento y cada vez es más habitual este tipo de entrenamientos para probar algunos pilotos de cara a la próxima temporada.
Un Pegaso único con destino Mónaco
Entre todos los vehículos desplazados por DriveX al Circuito de Albacete hubo uno que acaparó gran parte de las miradas: un Pegaso de 1952 con una extraordinaria historia detrás. De Castro explicó que la mítica marca española, ya desaparecida, fue capaz de fabricar apenas algo más de 80 unidades de unos deportivos que, en su opinión, estaban entre los coches más avanzados de su época gracias al trabajo del ingeniero catalán Wifredo Ricart, considerado uno de los grandes genios de la ingeniería automovilística.
El coche tiene además un origen muy especial. Fue construido para disputar el Gran Premio de Mónaco de 1952 y es uno de los escasísimos ejemplares supervivientes de aquella serie. El vehículo llegó recientemente procedente del Museo Grimaldi de Mónaco, donde había formado parte de una exposición dedicada a algunos de los coches más significativos que han pasado por el Gran Premio monegasco.
De Castro explicó que los tres Pegaso destinados a competir en Mónaco fueron conducidos por carretera desde Barcelona hasta el Principado prácticamente recién terminados para completar allí su rodaje, pero durante los entrenamientos aparecieron importantes problemas de temperatura y frenada y, ante la imposibilidad de solucionarlos a tiempo, desde la fábrica tomaron una decisión drástica. «Les dijeron que cuando se fuera todo el mundo del paddock, recogieran y volvieran a Barcelona porque no podían hacer el ridículo de esa manera».
A la mañana siguiente los coches habían desaparecido del circuito. Posteriormente aquellos Pegaso fueron mejorados y llegaron a competir en las 24 Horas de Le Mans, aunque un grave accidente contribuyó a poner fin a la aventura deportiva de la marca.
Miguel Ángel de Castro reconoce que ponerse al volante de una pieza histórica de semejante valor impone respeto. El objetivo es seguir desarrollando el vehículo durante los próximos años para que pueda participar en el Gran Premio Histórico de Mónaco de 2028, devolviendo así a la pista una de las joyas más exclusivas y legendarias de la historia del automovilismo español.