Escrito por: Fito Díaz
domingo, 16.06.2013
Artículo de opinión de Fito Díaz
Fin de la segunda etapa en este rally de trazado desértico que es la Segunda B. En el fútbol, cuanto más modesto, más grandes son las alegrías y más sinceras las lágrimas.
El sabor salado y amargo de las lágrimas aún queda en forma de regusto desagradable por la entrega, la mejora cualitativa que el Albacete Balompié mostró respecto a su juego en la eliminatoria de playoff.
Pasan jugadores. Muchos no estarán. Y es recurso fácil y lugar común decir que siempe queda el club. Este primer extremo parece ahora confirmado y la bocanada de alivio es importante. Pero peligró. Ahora cambia la visión global de la situación. Porque ¨habrá una más¨. Y se quiere ilusionar a la gente. Y el Alba volverá a saltar al Belmonte, y se llamará un año más Albacete Balompié y vestirá de blanco, cuestión que no mucho tiempo atrás nos habría invitado a dejar las manos bien lejos del fuego.
Ahora que los inversores empiezan a asomar las orejitas y a dejarse ver. Que algunas empresas albaceteñas «anuncian fichajes» en redes sociales sobre las que ciertos compañeros sacan exclusivas. Así tales campañas quedan vinculadas, bendito sea el Señor, con el futuro del club y su continuidad.
Pero el club también pudo haber pasado a mejor vida. Mientras el bueno de Aurelio Milla desvivido no encontraba quien quisiera pescar con él en ríos revueltos. (Lástima que no pasara por allí Luis Cesar, pues Aurelio es sin duda un gran compañero de pesca). En su desesperación llegó a anunciar la inminente defunción de la entidad. Y como la ciudad no se movilizó, la masa del club sufrió.
No es lo mismo hablar de la ciudad que de la masa social. La ciudad son cerca de 200.000 personas que un día estuvieron con el Alba. Pero de eso hace más de 20 años cuando la vieja circunvalación se colapsaba. Cuando la gente caminaba por encima de los coches con banderas y bufandas y cuando una simple victoria en partido intrascendente de liga llevaba a tu casa los sonidos de los claxons celebrándolo hasta altas horas, y antes, el mismísimo sonido del aliento del Belmonte, que llegaba a la mayoría de nuestras ventanas cuando el equipo blanco hacía diana.
En medio de una ciudad que acude al campo como pasatiempo cuando considera que el espectáculo merece su presencia, la masa del club no excede a día de hoy de pocos miles de verdaderos albacetistas que convivieron en la grada del Belmonte en aquella última cita con otros que no lo son tanto, que se animan porque han leído en los medios que el Alba ¨puede subir¨. La posibilidad de una todavía vaga opción de ascenso les impide evitar la tentación de comprar una entrada y ayudar a empujar un poco mas. Esa gente no está tan lejos de nosotros. Y tenemos que convencerles (por medio del club con un buen trabajo en forma de campaña de abonos) de que vuelvan y nos ayuden a disfrutar y a crear el ambiente ante el Oviedo día tras día. En el momento de escribir estas líneas, no parece muy sensato pensar que estarán. Y dijo Brecht que: ¨Hay quienes luchan un día y son buenos. Otros que luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay quienes luchan toda una vida y ésos son los imprescindibles¨. Me permitiréis la cita, porque tras años de directivas en guerra y de la demostración palpable y tangible del ¨otro vendrá que bueno me harᨠa la que hemos asistido en sucesión al infinito… si busco… sólo encuentro en algún momento en medio de todo aquello a ese grupo de irreductibles que se juntaron con banderas para dar colorido al Belmonte, nuestra casa, rodeados de escepticismo general y alguna mueca de sorna de aquellos que no lo creían viable.
Y esos son los que nunca pasarán. Esos son los imprescindibles. Sobrevivirán si es necesario (no permita la Virgen…) al club en la forma en que lo hemos conocido desde 1940. Han viajado. Han cantado y han hecho cantar. Han hecho vibrar de nuevo las gradas. Y los jugadores, aun en la peor de las circunstancias, tras la mas dolorosa victoria que se pueda imaginar, la victoria que te echa del sueño aun habiendo cumplido con tu obligación, tuvieron que salir a aplaudirles y a estar con ellos. Vi aficionados llorar. Muchos. Vi abrazos de jugadores con seguidores que ya son amigos también mas allá de que se queden o marchen lejos. Vi una familia destrozada, pero orgullosa y unida en la adversidad. En comunión. La noche es precisamente más oscura justo cuando está a punto de amanecer. Y si alguien merece que amanezca en Albacete sois vosotros.
Este año, ese grupo de gente, sin mas objetivo que vaciarse por su equipo ha vivido un par de episodios injustos y dolorosos. Afortunadamente se cerró con un cambio de ubicación (a mi entender, innecesario) que permitió que esos chicos y chicas siguieran luchando. A ellos les duele el Alba. Y ante la adversidad y el rumor de que se vendría abajo, una vez mas se reinventaron. Entraron en el minuto 15 de un partido demostrando la diferencia entre ese primer lánguido rato de partido y mostrando lo que saben y los demás deberíamos atrevernos a hacer. A ellos les debemos el agradecimiento por dejarse la piel, preparar sorpresas a los jugadores (que resultan efectivas) con los tweets que todos mandamos en los días previos para motivarles. Y se dan por pagados si sus jugadores, como lo hicieron aquel último día se vacían en el campo. ¨No me importa perder si es así¨ le decía un chico entre lágrimas a Mario Ortiz.
Su trabajo tendrá justa remuneración el día en que salgamos del infierno. ´Animo porque en gran parte depende de vosotros. Y porque todo vuestro esfuerzo ha tenido un gran calado. Cada día sois más. Los que amamos el club estamos orgullosos de veros cada partido y tentados muchas veces de ir a compartir un grito, un cántico con vosotros. Porque si no estas allí, ya sientes que no estas haciendo exactamente lo que deberías. Y despertar las conciencias de los demás es un trabajo que despacio, también da frutos. Signo es todo esto, de que hacéis las cosas bien. Creced y Multiplicaos, (que dijo Aquél), Sí, anda, por favor… que nos hacéis mucha falta.