Escrito por: 5 más el descuento
domingo, 31.05.2015
Firma de: Hugo piña
A propósito de Luis César… ese hombre que ha conseguido que nuestro barco emocional como lo es el Alba, consiga divisar tierra. Ya le costó a Cristóbal Colón llegar al objetivo encomendado, con no una ni dos rebeliones internas en su larga travesía, y donde seguramente no le faltó ocasión de tirar la toalla viendo que absolutamente todo se le ponía en contra. Pero tanto Colón como Sampedro tienen algo en común: se sobrepusieron a todo y llegaron al objetivo encomendado. En un caso era llegar a las Indias mientras que en el otro, era conquistar con fútbol la Segunda.
Dejando de lado los símiles, podemos decir que Luis César ha sido ‘el hombre de los objetivos’ en el club blanco, ya que en su primera etapa (de apenas unos meses) su objetivo fue el de clasificar al equipo para los Play Off, mientras que en el segundo año fue el de disputar dichos Play Off pero también de ascender al equipo. Por su parte, en el tercer año su objetivo ha sido el de salvar al Alba en Segunda. En todos ellos, Luis Ángel César Sampedro, un tipo que nació un 3 de mayo de 1966 en la lejana Galicia, ha conseguido su meta. Llegó por ello y lo consiguió. Tres etapas donde el técnico ha aupado al Albacete a donde merecía, conduciéndolo desde el fango hasta el olimpo heleno. Manejando en ocasiones la insostenible situación extradeportiva, que ahora es una balsa de aceite pero que otrora era el lugar elegido por Zeus para azotarnos con sus vientos.
Ahora, con el equipo salvado y una situación institucional envidiable, el consejo de administración le ha ofrecido la renovación por dos años más. El hombre que ha cumplido con todo desde que llegó a nuestro equipo podría estar entre nosotros hasta junio de 2018. Se ha visto por otra parte que ha cumplido cuando las cosas han ido bien, pero también, cuando las cosas se han torcido. Agradecía el mismo ante la prensa que “he tenido la suerte de estar en un club que no toma decisiones en caliente”, ante lo que yo tengo que decirle que “la suerte la hemos tenidos todos los aficionados en Albacete por tener un entrenador que toma las decisiones fríamente a pesar de lo caliente de las mismas”.
Y es que no siempre fueron bien las cosas en su andadura como técnico del Alba, porque seguramente todos recordaremos aquellos meses al inicio de competición donde no acertábamos a dar con un equipo que compitiera, que no cometiera esos errores que tenían como consecuencia goleadas sonrojantes o amargas derrotas. A decir verdad, el técnico no mete los goles o los para; él es responsable de ponerlos, sí, pero no tiene la culpa de que a Rojas se le ocurriera ‘ceder’ aquel córner ante el Sporting, o que Mario Ortiz dejara paso a David Rodríguez en la primera jornada, o que Alberto cometiese aquel fallo en Tenerife. Ustedes ya me entienden.
Sampedro siempre fue de mar. Estaba “pescando” en el infinito Atlántico cuando lo llamó el Alba, dijo en alguna ocasión. Ese mar Atlántico ha sido sin duda alguna, su fuente de inspiración. Y como no podía ser de otra manera, el gallego encontró esa inspiración en un nocturno paseo, teniendo de fondo a su querido Atlántico tras una nueva derrota. Aquello sirvió para que el técnico encontrara seguramente muchas respuestas a sus preguntas, aquellas que llevaba haciéndose desde finales de agosto y donde la única que había obtenido hasta el momento era el aquello de “Sampedro, vete ya”, incluido el mío tras la dolorosa derrota en el descanso ante el Valladolid. No lo negaré jamás. Yo también pedí su cabeza; como creo que lo hubiera hecho cualquier simpatizante del Albacete Balompié.
Pero el tiempo pasa, y afortunadamente este lo cura todo. No fue fácil. La temporada ha sido larga, y ahora Sampedro tiene ante sí convertirse en un entrenador que marque la etapa más gloriosa de un equipo que parecía estar estancado en el abismo de la mediocridad. Con una envidiable situación extradeportiva y con un vestuario que tiene prácticamente renovado -y que cree en él-, tiene el gallego la opción de seguir manteniendo el equilibrio además de por qué no, buscar cotas más altas. ¿Por qué digo esto? Fácil respuesta: él nunca dijo que no a nada y siempre cumplió con el objetivo que le mandaron.