Escrito por: Rubén Oliva
domingo, 23.10.2011
17.200 personas caben en el Carlos Belmonte. 6.200 han acudido en los últimos partidos frente al Toledo y hoy, contra el Lugo. Es decir, hay unas 11.000 butacas vacías, plástico blanco y rojo sin nadie en él sentado.
Pero hay gente incapaz de hacer un esfuerzo por nada, ni tan siquiera porque el estadio del equipo de su ciudad, presente un colorido y un ambiente propio de un club que quiere volver a ser grande en todos los ámbitos.
Hay gente incapaz de valorar el esfuerzo que muchos han puesto en que por fin el Belmonte parezca un campo de fútbol, en que por fin se anime.
El club ha facilitado unos 350 asientos de los 17.200 del Belmonte para que ahí se anime; las peñas se han unido y han conseguido juntar un grupo de seguidores que cada 15 días está dispuesta a dejarse la voz e incluso el dinero por alentar a su equipo. Pero hay gente que no está dispuesta a dejar su sitio, ni tan siquiera cuando le ofrecen una localidad mejor en el estadio.
Hay gente dispuesta a denunciar a Antiviolencia si hace falta con tal de que se haga lo que pretenden. Hay gente dispuesta a callar un estadio con tal de no tener a alguien debajo que esté moviendo una bandera. Hay gente dispuesta a ver cómo el presidente de su club es capaz de posicionarse de forma descarada con los seguidores a los que quieres imponer tu criterio.
Y esto ha pasado esta tarde. Quizás no gusta ver cómo determinadas peñas cobran casi todo el protagonismo, llevándose los merecidos halagos por ser las que llevan la voz cantante en la animación del Belmonte. La envidia nunca fue buena compañera. Pero esta tarde ha quedado claro que la Grada de Animación cuenta con el respaldo de casi todos. Empezando por lo más alto. Pues ha sido algo casi de película ver a Candel, Honrubia y compañía dirigirse en el tiempo de descanso hacia el queso de la grada visitante que había sido tomada por la expulsada Grada de Animación, para quedarse a animar como el que más. Ahí se han visto dos cosas: la primera, que Candel sabe ganarse a la gente como y cuando quiere, y la segunda, que le pese a quien le pese, hay muchos aficionados dispuestos a que este año el Belmonte ruja cada vez que juegue su equipo.
Vaya desde aquí nuestro aliento para que la Grada y sus peñas (Belmonte Sur, Orgullo Manchego y Salvajes, y demás aficionados no peñistas que se unen) no se rindan nunca, porque dos personas (o las que sean) no puedan callar a un estadio de fútbol.