Escrito por: 5 más el descuento
jueves, 19.05.2016
El Albacete Balompié está virtualmente descendido. Las sensaciones no han podido ser peores en los últimos encuentros, con unos jugadores a los que les ha faltado el alma y coraje que sí han mostrado el resto de competidores. Ahora cabe hacer autocrítica y preguntarse qué ha llevado a los blancos, de nuevo, al lodazal de la 2ªB.
En primer lugar, hay que mirar al máximo accionista del club, José Miguel Garrido. Es difícil explicar la sensación de parálisis que está viviendo la S.A.D. que él preside en los últimos meses. A nivel deportivo, con una nave claramente a la deriva, fue incapaz de buscar un remedio hasta que la situación se hizo insostenible. Lamentablemente, para entonces era tarde.
Otro aspecto que genera muchas dudas es el económico. Poco sabemos sobre una parcela esencial para el funcionamiento del club. Es verdad que los litigios con Hacienda han hecho mucho daño y que se está peleando para encauzarlos. Pero no es menos cierto que los problemas estaban ahí cuando llegó. En otras ocasiones, José Miguel Garrido y sus socios se han encargado de que el engranaje funcionara a la perfección. Ahora no parece que sea así.
Después está la responsabilidad del director deportivo, Víctor Moreno. Posiblemente se haya visto encorsetado por las limitaciones de recursos para su confección. No obstante, el conquense ha cometido errores incomprensibles. La defensa ya estaba cogida con alfileres la temporada pasada. Confiar en lo que funcionaba a duras penas y no acertar en los hombres llamados a sumar goles se ha pagado caro. Jugadores llamados a tener un futuro en lo más alto han sido las grandes decepciones de la temporada, salvo un par de excepciones. Los fichajes de invierno no le han dado la vuelta a la situación. Y capítulo aparte merece el fichaje de Neuton.
En el banquillo, la caída de Luis César Sampedro debió llegar antes. El gallego gozó de una confianza merecida, pero la derrota de Llagostera tenía que haber sido el punto de inflexión. Ni funcionaban las cosas en el campo, ni en las gradas del Carlos Belmonte, con un público muy crispado ante las carencias de los blancos. Se echó en falta que el entrenador diera una vuelta de tuerca a sus planteamientos. Su sustituto, César Ferrando, ilusionó con las victorias ante Osasuna y Córdoba, se vio una ligera mejoría. Aunque, a todas luces, insuficiente.
Respecto a la plantilla, la decepción es mayúscula. Salvo honrosas excepciones, ha faltado actitud en el terreno de juego. El Albacete se jugaba la vida en las últimas jornadas, la situación era muy complicada a todos los niveles, pero ni tan siquiera se ha podido llegar con esperanza hasta el final. Más allá de las carencias de la plantilla, lo más doloroso es ver que no se ha peleado hasta el final o, al menos, no se ha ofrecido todo lo que se podía ofrecer. Y es que no basta con controlar el esférico, es necesario salir concentrado, darlo todo en los contragolpes, no atenazarse en la línea de tres cuartos y tener la valentía de disparar. Si no se crea peligro en la portería rival necesitando los puntos para salir de la zona roja, todo queda dicho.