No hay fútbol sin radio (LINEA EDITORIAL)

Este viernes nos desayunábamos con la amenaza que la RFEF, siguiendo las directrices de la LFP que, a su vez, actúa como marioneta de las plataformas televisivas, ha dirigido al Albacete con el propósito de que la entidad que preside Rafael Candel niegue el acceso de las radios al estadio para que éstas puedan ejercer su trabajo radiando el partido contra el Athletic.

No deja de ser una más de las muchas que en los últimos meses se están produciendo en la conocida como “guerra contra las radios”, si bien es la primera que acontece en el Carlos Belmonte. En este punto, lo más acertado sería excluir de toda responsabilidad al Albacete Balompié. El Alba está entre la espada y la pared y lo más lógico, aunque pueda parecer cobarde, es que no opten por actuar de “Quijotes contra los molinos”, permitiendo el acceso de las radios y enfrentándose por ello a ese ente que tanto miedo da llamado Real Federación Española de Fútbol. Es evidente que esto no puede seguir así, pero la única forma de combatirlo es desde arriba, y no con la actuación individual de unos pocos clubes, pues ir de héroes sirve de poco en el mundo del fútbol.

Es precisa una ley que cambie el panorama actual en el deporte rey. Que los aficionados se acostumbren a los horarios y demás directrices de los de arriba pues así es “la dictadura de las teles”, o llegar al punto de que un miércoles 21 de diciembre juegue tu equipo partido de Copa en el Calderón y te resulte imposible escucharlo por ninguna emisora porque no les dejan pasar, son suficientes argumentos para que el espectador de a pie reclame con todas sus fuerzas que hasta aquí ha llegado el abuso y pida a la clase política que de una vez intervenga en este sinsentido.

El fútbol no es así y no debería cambiar porque tres lo quieran hacer suyo. No hay fútbol sin radio, igual que no hay jornada sin partido en abierto ni hay ambiente en horarios de viernes o lunes por la noche. Los aficionados así lo reclaman y no estaría de más que los susodichos mandamases televisivos de vez en cuando escuchasen al pueblo que, al fin y al cabo, es el que les da también de comer.

El espectador, el aficionado, no merece esto. Lo único que se pide es normalidad, aunque ello exija replantear algunos puntos, por ejemplo, que las radios cedan parte de los beneficios que obtengan por las retransmisiones. Pero una cosa está clara: la mayoría de radios, exceptuando las grandes cadenas, no se hacen de oro por esas retransmisiones, y su trabajo también entra en el marco del derecho a la información. Es por esto que las actuales exigencias de las teles están en el punto más lejano a la cordura, haciendo altamente improbable un acuerdo que acabe con el conflicto.

Cuando enfrente hay un gigante que hace y deshace a su antojo, la batalla está altamente desnivelada. Porque donde hoy es la prohibición a la entrada de las radios, mañana será el impedir el acceso de fotógrafos y pasado mañana, el acabar con los medios que informan por internet. Y lo peor de todo es que siempre el aficionado es el que sale perdiendo, esa persona que no tiene absolutamente nada que ver y decir en este tema y que está sujeta a lo que otros decidan, sin posibilidad de queja.

Vaya desde aquí nuestro apoyo a esos grandes locutores de Albacete que este martes no podrán hacer su trabajo, no les dejan. Un abrazo a Javi Romero, Luis Castelo, Cristo Lozano y Vicente Albujer.

Compartir...Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn

Sé el primero en comentar

Dejar un comentario