Opinión | Tengo un problema, Alba; te quiero demasiado

Toca seguir creyendo

Llegado de Lorca a casa el sábado noche y después de trabajar y conducir durante todo el día, de mandar los habituales mensajes a compañeros y familiares de que ya estaba en casa y tras una refrescante y necesaria ducha, me dispuse a abrir las redes sociales y palpar el ambiente tras un errático partido de fútbol del Alba. Además, también me dispuse a leer y releer algunos contenidos informativos de los que considero compañeros en este viaje tan precioso que desde hace seis años vengo haciendo en esto de juntar letras y darle al botón de una carísima cámara de retratos. Pensaba en un primer momento que sería ‘leer y caer rendido’, si bien conforme fui deslizando el dedo hacia abajo me fui encontrando con sensaciones en forma de centenares de situaciones diferentes. “Estoy harto”, “creemos en vosotros”, “no creemos en vosotros”, “no habéis luchado lo suficiente”, “árbitro cagón” fueron solo algunas de las argumentaciones que pude sonsacar de manera más directa tras un rápido repaso. 

Sin embargo, uno va más allá y reflexiona que lo que hoy, escrito ayer, le ha ocurrido a nuestro equipo es algo totalmente normal. Ni mas más, ni menos menos. Enfadados muchos, tristes otros, pero con la cabeza bien alta de haber conseguido demostrar que esta afición es de una división que cualquier mindundi en forma de dirigente federativo tendría que inventar. Y es que la Primera División se le quedaría pequeña a una afición y a un escudo que posee en lo más adentro de su corazón a su músculo más relevante. Jamás nadie podrá comprender el sentimiento que un albaceteño mantiene con su equipo, jamás a esos ‘cinco mil de siempre’ les podrán decir que ayer no fue un día duro, que el domingo al levantarse no han pensado que lo acontecido horas antes, al sol murciano, fue la peor de las pesadillas vividas vestidos de blanco. Por eso, cuando leía con lágrimas en los ojos a todos esos defraudados aficionados tuve que coger mi herramienta de trabajo para ‘traspasar’ lo que yo sentía a una hoja de edición. 

El fútbol son seis letras que acumulan tanta energía positiva como negativa. Que es capaz de hacer desplazarse a más de tres mil personas a otra localidad de otra región y dejarse, esos miles y centenares de amigos y familiares un pellizquito del jornal que con tanto esfuerzo y sudor hay que ganarse en esta ‘avanzada’ sociedad. Y capaz de hacer cosas impensables como unir a gente que probablemente antes de ayer ni supiese quién es pero que, tras situarse al lado suyo, delante o detrás en el Francisco Artés Carrasco de Lorca a los  más de 30 grados al sol sepa que los gritos de ánimo o las lagrimas de desolación son compartidas por unos albaceteños que tendrán en este club de fútbol a una de las mejores representaciones allá por donde va. ¿Quién no ha dicho que es del Alba en cualquier lugar de España o del extranjero? ¿Y quien no ha argumentado eso sintiéndose la persona más orgullosa del mundo llegando a elevar el mentón hasta límites insospechados? Ese es el Alba, nuestro mejor embajador y sobre todo ese hijo, hermano o amigo por el que harías cualquier cosa y por el que llegarías a argumentar si hiciese falta que ‘la tierra no es redonda’

Durante muchas semanas y meses, los que me conocen saben que he sido crítico con la situación deportiva del Alba. No negaré que cada uno interpreta el fútbol de una forma distinta y que bajo mi juicio se ha errado demasiado. Demasiado para ser el Albacete Balompié SAD y demasiado para saber que este escudo que ayer portaron más de tres mil albacetistas se merece siempre el pundonor, la garra y el último aliento posible de todos y cada uno de los jugadores. Sin embargo no estoy pensando en sacar la guadaña que otrora saqué. No. Quiero demasiado al Alba y no sería capaz de, al igual que les exijo a esos jugadores que portan mi escudo que luchen hasta el último aliento, no luchar por encauzar una situación que en el mundo del fútbol es tan lógica como normal: perder. 

Por eso creo que ahora mismo y tras volver a tener el sabor ‘amargo’ de la derrota en la boca, es cuando todos tenemos que seguir alentando a ese escudo que tanto, para bien y para mal, nos ha ofrecido y nos ofrecerá. Es ahora cuando hay que apretar toda la anatomía de los ‘tres mil de Lorca’ y los cinco mil del Belmonte’  para disponer de una situación que nos guste o no, nos encontramos en ella y a siete días vista de volver a poder ver jugar a nuestro Alba. Por ello creo que ahora es momento de unirse todo el albacetismo en torno a su equipo, a su estructura y sobre todo a su escudo, ese que desde que un albaceteño nace comienza a bordar en su corazón hasta llevarlo a campeonar.

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