La Liga Española está en deuda con el Zaragoza y el Sporting (Opinión)

Escrito por: 5 más el descuento

martes, 19.06.2018

El Albacete de nuestras entretelas, volverá una temporada más a enfrentarse a dos equipos, que son un trozo de historia de nuestro fútbol. Honestamente creo, que nuestro balompié está en deuda con dos equipazos. ¿A qué viene esto?, pues muy sencillo, en el fútbol contemporáneo se le dedica muy poquito espacio a los románticos y perdedores, mientras que los engolados y glamurosos que reman con el viento a favor, están en nuestras vidas por tierra, mar y aire. Quien no entiende o comparte la estética del derrotado no ha entendido el verdadero sentido del deporte. Quien no entiende que el verdadero héroe en la meta es el que llega el último, no ha entendido ni la épica, ni el dolor y, se me antoja harto complicado, que pueda siquiera gozar el placer de la victoria. Sin llegar a estadios tan profundos, quiero rendir un modesto homenaje en favor de equipos que fueron míticos y completaron una página de oro, acaso sólo plateada, de la historia de nuestro fútbol patrio.

Los postreros años setenta y principios de los ochenta del siglo pasado, nos regalaron dos equipos bien hechos, innovadores, herederos directos de los nuevos tiempos impuestos por la Naranja Mecánica. En España pudimos disfrutar del Real Zaragoza de los zaragüayos y del Real Sporting de Gijón de la tripleta infernal: Morán, Quini y Ferrero. Ambos lloraron subcampeonatos y jugaron finales de copa; pero estas míticas escuadras merecieron de largo haber salido campeones de liga. Del mismo modo que lo hicieron -y con muchísimo menos fútbol-, la Real Sociedad o el Athletic de Bilbao.

¿Qué buen aficionado al fútbol no recuerda aquel Zaragoza de los Irazusta y Nieves; Rico, González, Royo, Blanco, Heredia; Planas, Violeta; Rubial, García Castany, Diarte, Arrúa, Soto, Juanjo y Simarro. Memorable resultó una inmisericorde goleada al todopoderoso Real Madrid con un gol increíble -el quinto si el Alzheimer no me traiciona-, de García Castany. Qué grupo más salvaje, qué manera de fabricar fútbol a lo bestia, qué miedo ir a jugar a La Romareda, aquello era una máquina de picar carne. Desde el minuto uno, las hordas blanquiazules se venían sin tregua, por arriba, por abajo, desde lejos, desde cerca, venga a correr y atacar y atacar; aquel equipo parecía despreciar la defensa, la propia y la ajena. Hasta daba la sensación de que el descanso les importunaba. Sólo miraban como posesos el arco contrario. Un par de ligas hubieran hecho justicia a aquel germánico grupo, no tanto por el corte, sino por el cuchillo que llevaban entre los dientes.

¿Qué decir del Sporting?, quizá más fino, más humano, más de tiralíneas, pero igualmente cruel con el enemigo. Sus extremos, su forma de abrir el campo, su elegancia y su tiro de gracia final: gracias Quini, gracias don Enrique Castro, con ese aire de profesor despistado y buena persona que le daban a sus puñaladas traperas un cierto aire de estupor ¿cómo el tipo que me cedió el sitio en el autobús, me la clava siete veces por siete sitios?. El prototipo de sicópata, vamos. Me río yo de aprendices estilo Jack the Ripper. Espero que les suena esto: Castro, Redondo, Uría, Rezza, Cundi, Ciriaco, David, Joaquín, Mesa, Abel, Morán, Quini y Ferrero; en caso negativo, no saben la pena que me dan.

Resulta insólito que este equipo no tenga ninguna copa, ninguna liga, ninguna uefa, ninguna nada.

La liga española está en deuda con dos clásicos, que visitarán Albacete otra vez el curso que viene. Disfrutemos con el Real Zaragoza y el Sporting de Gijón.