El Almería nos dejó donde estábamos (Opinión)

Escrito por: Bienvenido Picazo

lunes, 22.10.2018

Decía yo muy ufano la semana pasada que el partido contra el Almería sería plano y poco propicio para la épica. Con razón dejé aquel curso de pitoniso que iba a impartir un argentino recién llegado a Cuenca. Nunca se me dieron bien las adivinanzas.

 

Salí de casa mirando el cielo, como siempre por dos motivos; uno el prosaico de si llevar paraguas, abrigo o abanico y el otro, por si los dioses nos echan una mano. Yo no soy creyente, pero cuando jugamos, siempre miro al cielo y, como soy muy desahogado, suelo pedir algo, lo clásico, uno o dos penaltis, una expulsión,….. pero ¡a favor! Últimamente los dioses deben de estar enfadados conmigo, porque no recuerdo que este año me hayan regalado nada de lo que les pido. Tendré que aplicarme y cumplir más.

 

El caso es que el partido empezó bien, casi tan bien, que a los seis minutos deberíamos haber marcado. Pero, el azar tiene unos caprichos extraños y a los ocho, ya jugábamos con uno menos. En estas aciagas ocasiones, siempre viene bien acordarse del clásico Helenio Herrera, que decía aquello de que “Con diez, se juega mejor que con once”. Aquella bravata -como casi todo lo que decía-, no deja de tener su razón de ser, porque los rojiblancos del sur, no se enteraron de lo que iba la fiesta hasta pasado el descanso. El Alba, acusó en exceso el castigo y se puso a guardar la ropa y a nadar de vez en cuando.

Me gustó nuestra compostura táctica. No había muchas opciones, salvo el suicidio. Fuimos muy superiores anímicamente. Mi vecino -que no es pipero, pero sí muy observador-, se maliciaba que pagaríamos el esfuerzo en la segunda parte y que convenía estar tranquilos.

 

El segundo período fue otro cantar, pero los blancos sabían a lo que jugaban, se sobrepusieron y a punto estuvieron de conseguir la tajada grande. Un punto no es mal negocio. Aunque la ganancia importante viene del lado psicológico. Hemos jugado con diez y no hemos desmerecido en nada, ante un rival que venía con el viento de cola.

 

Al final, volví a mirar hacia arriba y no supe si agradecer a los dioses que no nos hubiesen empapado o que nos hubiesen enseñado una roja y mostrarle a todos de lo que somos capaces o el haber rascado un punto con bizarría. O, en fin, no sé todavía las sensaciones que me deparó el pitido final.

 

Voy a ver si encuentro al argentino que me quería hacer adivino. Ya que no pudo conseguir su objetivo, a ver si me da unas sesiones de psicoanálisis, que de eso sí sabía un rato. Me barrunto que esta temporada los gabinetes se van a llenar de aficionados del Alba. No sé cómo interpretar el estado actual del plantel. Desde que volvimos de Mallorca, no somos los mismos.

Lo dicho: necesito un porteño. O porteña, tampoco vamos a ponerle puertas al campo. No sea caso que.