Emilio Sáez reconoce que ha llevado «muy mal las críticas» por las promesas que hizo tras el ascenso del Albacete

Escrito por: Hugo Piña

viernes, 31.03.2023

La figura del actual alcalde Emilio Sáez ha estado en boca de los ciudadanos de Albacete desde hace meses. En concreto, desde el pasado mes de junio cuando el Albacete Balompié conseguía el ascenso a Segunda División tras el famoso Riazorazo conseguido en los play off de ascenso ante el Deportivo de La Coruña.

Fue entonces cuando el regidor de Albacete concentró las miradas con, en medio de la fiesta celebrada en el balcón del Ayuntamiento, formuló unas promesas de cara a la necesaria mejora del Carlos Belmonte. En su regreso al fútbol profesional, el estadio necesitaba de unas mejoras y aplicaciones que son exigencia de LaLiga. Motivo por el cual tanto Emilio como en el Club se afanaron en perfilar desde el primer día de equipo de Segunda para evitar las sanciones que le llegan al Albacete desde Madrid.

Sáez dijo claramente en el balcón del Ayuntamiento aquella tarde que se llevarían a cabo tanto el arreglo del marcador como la instalación de una nueva iluminación, así como nuevos accesos al estadio para personas de diferentes capacidades. Y desde entonces poca o ninguna obra se ha llevado a cabo en el estadio, algo que ha generado una corriente de crítica hacia un Emilio Sáez que este viernes deslizaba su sentir por estos hechos.

«Las críticas las he llevado muy mal. Prometí en el balcón el pasado mes de junio la iluminación y el marcador… y si me despisto me voy de alcalde y no lo pongo. Por eso lo he llevado tan mal. Pero, ¿por qué? Yo no contaba con que este proceso fuese tan lento, hay plazos para mil cosas. Lo he llevado mal, pero lo llevaré bien cuando esté puesto», decía el regidor de Albacete.

En definitiva, los plazos de la burocracia institucional han frenado el impulso que desde el pasado mes de junio hizo un eufórico alcalde, que veía como el Alba conseguía contra todo pronostico el retorno al fútbol profesional solo una temporada después de perder dicha categoría. La acuciante necesidad de reforma del estadio y el uso de miles de aficionados cada quince días de la instalación jugaron una mala pasada al alcalde, que este viernes ha confesado algunas de sus horas más bajas como figura más representativa de los albaceteños.