Escrito por: Rodrigo Quero
domingo, 01.12.2024
Si algo dejó claro la noche en La Romareda es que la niebla es capaz de eclipsar incluso el fútbol. Y no, no estamos hablando de una niebla metafórica, como las que envuelven la mente de los comentaristas cuando se quedan sin palabras. Hablamos de la niebla real, esa que parecía más interesada en ser la estrella del espectáculo que en dejar que el balón fuera el protagonista. Porque, aunque los jugadores, con algo más de dificultad que en un día despejado, pudieron disputar el partido con normalidad, desde las gradas y, sobre todo, en el plano televisivo, ver algo claro era un auténtico desafío.
En La Romareda, la niebla se encargó de difuminar los detalles del encuentro. Y si los futbolistas podían intuir algo sobre el terreno de juego, los televidentes solo podían adivinar si el balón había cruzado el campo o si algún jugador seguía corriendo. De hecho, hubo momentos en los que ni la cámara ni los ojos más entrenados podían distinguir quién estaba en posesión del balón. Y aquí entra en escena, Axel Martínez, el narrador del encuentro, quien, ante la falta de visibilidad, tuvo que recurrir a su creatividad para inventarse alguna que otra jugada. Quién sabe, tal vez estaba jugando a un juego de adivinanzas más que a narrar un partido de fútbol.
Pero, tranquilos, el fútbol continuó. Lo que nos cuenta la niebla es que el Albacete se llevó la victoria por 0-1, gracias a un penalti claro sobre Quiles que, a pesar de las opiniones discordantes de los comentaristas, fue tan evidente como la niebla misma. Alberto Quiles no dudó y convirtió desde los once metros, dejando al Zaragoza con la sensación de haber sido víctima de una jugada que, si bien no era claramente peligrosa, terminó siendo un castigo directo para los maños.
Más allá de los detalles del juego, que la niebla convirtió en una especie de juego de sombras, lo que se recuerda de este partido es el ambiente. Los comentaristas, batallando contra la niebla y el reloj, intentaron aportar algo de emoción a lo que, en ocasiones, parecía más un partido de sombras chinas que de fútbol profesional.
La niebla se llevó el protagonismo. Una niebla que tapó más que el campo de juego, tapó las jugadas, los esfuerzos y las intenciones. Pero al final, el Albacete, sin importar los elementos adversos, se llevó los tres puntos. La niebla, esa gran protagonista de la noche, no pudo opacar la victoria de los manchegos, que siguen sumando de tres en tres.
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