Escrito por: Rodrigo Quero
miércoles, 11.06.2025
A veces, el fútbol no va de goles, ni de asistencias, ni de minutos. Va de personas. Y ayer, el Albacete Balompié se despidió de una de esas que, sin hacer mucho ruido, dejó huella. Se hizo oficial la salida de Rai Marchán, que terminaba contrato y no continuará en el club. Su adiós, elegante y sincero, retrata perfectamente el tipo de jugador y, sobre todo, de persona que ha sido durante su etapa como albacetista.
Rai llegó en enero de 2024, con 30 años, desde el Melbourne Victory australiano, para cumplir un sueño: jugar en el fútbol profesional español. Lo hizo a petición expresa de Rubén Albés, quien ya le conocía de su paso por el Celta B. Aterrizó en una plantilla que ya llevaba media temporada en marcha, y aún así, logró hacerse un hueco. Firmó por media campaña, con opción a una más, y su rendimiento —sobrio, equilibrado y comprometido— le sirvió para prolongar su estancia en el Carlos Belmonte.
En total, han sido casi dos temporadas en blanco y negro, con protagonismo en la segunda vuelta de su primera campaña, tanto con Albés como, después, con Alberto González. Esta última temporada, sin embargo, las lesiones y algunas actuaciones irregulares le limitaron a 733 minutos. Pero, como él mismo ha dicho en su emotiva despedida, «no todo ha sido fácil, pero me voy con una sonrisa en la cara».
Y es que más allá del césped, Rai fue uno de los capitanes del equipo. Cuarto capitán tras la votación de plantilla y cuerpo técnico, una muestra clara de lo que generaba en el vestuario. Ser elegido líder por tus compañeros con apenas seis meses en el club no es habitual. Hay que ganárselo. Y Rai lo hizo con humildad, profesionalidad y cercanía.
Su mensaje de despedida refleja el agradecimiento y cariño con el que ha vivido esta etapa:
“Volví a España y disfruté de la Segunda División aquí, viví momentos que no olvidaré y crecí tanto dentro como fuera del campo. Quiero agradecer especialmente a los compañeros con los que compartí vestuario, me he sentido muy valorado y respetado. Fue un honor ser elegido uno de los capitanes por vosotros. También especialmente agradecido a quienes confiaron en mí para traerme… No todo ha sido fácil, pero me voy con una sonrisa en la cara. Gracias a todos. Os deseo lo mejor en el futuro.”
Se va un jugador que, tal vez, no dejó grandes titulares deportivos, pero sí un ejemplo de profesionalidad y respeto. Se va uno de esos futbolistas que construyen equipo, que hacen vestuario, que aportan desde donde se les pide y que nunca bajan la cabeza, incluso cuando no les sonríen los minutos.
Rai Marchán se marcha como vino: con discreción, con clase y con la gratitud como bandera. Y eso, en el fútbol actual, también vale mucho.